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Dolor y sufrimiento ¿por qué?¿para qué?

Artículo publicado en ABC Sevilla Tribuna abierta el 11 de julio de 2019

“El sufrimiento útil hace crecer a la persona que lo padece”

            Suele afirmarse que el Dolor y el Sufrimiento son constantes en nuestro vivir y que hacen de sombra capaz de realzar los tonos claros de nuestro día a día.  La milenaria experiencia del hombre evidencia que ambas vivencias son inevitables a lo largo de una vida vivida.

            La Asociación Internacional para el estudio del Dolor lo definió como una experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada a una lesión tisular, real o potencial.  Distinguiremos varios tipos: Dolor nociceptivo u ordinario que sirve de alarma o defensa ante una amenaza o riesgo para la propia salud (cólico, apendicitis, tumor, golpe, caries dental, etc.). Dolor neuropático, que tiende a la cronicidad y es consecuente a una lesión de las fibras que integran una estructura nerviosa cuando es afectada, estirada o comprimida en una agresión, traumatismo, cirugía o proceso tumoral.  Suele necesitar medicación, fisioterapia y psicoterapia. El Dolor psicógeno conlleva un alto componente emocional y afectivo y se acompaña de ansiedad, depresión e insomnio.

            Algo distinto es El Sufrimiento, una vivencia negativa y molesta de tipo psicológico y moral, sin experiencia sensorial primaria y con asiento cognitivo y emocional.  El Sufrimiento útil hace crecer a la persona que lo padece, el Sufrimiento inútil, por el contrario, queda como autoelaborado y fruto de una reacción mal elaborada.  Viene a depender, en gran medida, del acierto y oportunidad de la propia respuesta.

            Resulta clásica la descripción de los factores que elevan el umbral de sensibilidad para el dolor, es decir que dificultan su instalación.  Tal sucede con la serenidad y la paz, con la escucha y la comprensión, con los analgésicos, ansiolíticos o antidepresivos porque su correcta utilización reduce o elimina el dolor.  Y lo opuesto sucede con sus contrarios pues son capaces de hacernos más vulnerables al dolor y al sufrimiento. El objetivo ante el paciente con dolor y sufrimiento ha de ser anular o disminuir  el dolor e iluminar su sentido, mejorar la funcionalidad y calidad de vida y evitar la ansiedad, el insomnio o la depresión. Dolor y Sufrimiento aunarse, ahogando el vivir en una mutua espiral doliente que merma la vida y rebosa en padecimientos.  Somos cuerpo y mente, integrados en una única realidad personal, en la que radica esta doble experiencia y en la que se juega y debate el conflicto que nos alcanza.  Así   se gesta nuestra personal Dolencia, que así llamamos a esa enfermedad ya instalada en la persona que somos y con su peculiar estructura y dinamismo.

            En estas situaciones, la primera actitud a recomendar es la apertura.  Bien lo expresa Shakespeare al afirmar: “Se debe dejar que hable el dolor, porque la pena que no habla, gime en el corazón hasta que lo rompe”. Compartir supone alivio y camino hacia el remedio.

            Una segunda estrategia recomendable es la aceptación de la realidad que nos toca vivir, descartando rebeldías y adoptando actitudes y conductas positivas que conduzcan, a la resolución del problema. Orientación, escucha, recursos médicos, apoyo espiritual o trascendente, son todos ellos recursos de alta eficacia en la atención de quien vive en el dolor o el sufrimiento.

            Importante factor moderador o resolutivo del Sufrimiento es la dotación de sentido, la búsqueda y encuentro de posibles razones, en el orden humano o trascendente, capaces de aportar un porqué con luz explicativa a esa concreta situación crítica que nos esté tocando vivir.  Es la “voluntad de sentido” que empapa toda la antropología y la psicoterapia de Víctor Frankl, el destacado psicoanalista judío y vienés que hubo de afrontar el  cautiverio nazi en Auschwitz, lugar en el que perdió a su esposa.  Cuánto se aprende en su obra “El hombre en busca de sentido”.  Buena parte de su mensaje queda glosado en la certera afirmación “la puerta de la felicidad se abre hacia fuera”.

            Seguramente,  hemos acudido alguna vez a una Unidad para el tratamiento del dolor, con grato recuerdo por el alivio experimentado.  Pues en semejanza podemos pensar en la creación de Unidades de atención al sufrimiento humano.  Quizá nos sorprenda la idea, pero a la vez comprenderemos su necesidad ya que son más las personas afectadas por el sufrimiento que por el dolor. ¡Cuánto recrece y madura el sufrimiento útil! Y cuánta infelicidad depara el que no lo es, el que carece o escasea en su sentido y en su aceptación.

            Otro horizonte, aún más amplio y brillante es el que aporta una visión trascendente de la vida, una dimensión vertical que depara paz, luz, felicidad y pleno sentido del propio vivir.  Así lo he reafirmado hace pocos días con la lectura de lo descrito por el Dr. Joaquín Navarro-Valls respecto a S. Juan Pablo II, cuando en circunstancias muy dolorosas, el Neurólogo le preguntó “Santo Padre ¿cómo vive usted esta situación”.  La pregunta aspiraba a conocer la impresión física  la respuesta fue: “y yo me pregunto ¿qué es lo que Dios quiere decirme con esto…?” alcanzando así la raíz del significado humano, donde la enfermedad puede encontrar una respuesta sobre su sentido fundamental y definitivo.

Dr. Manuel Álvarez Romero

Presidente de La Sociedad Andaluza de Medicina Psicosomática

La salud y el amor

Interesante ciclo el organizado por las Direcciones Generales de Cultura y Salud Mental de nuestra corporación Médica sevillana en el año 2019.  Y si en el año anterior se ocupó de recordar a maestros en salud mental, en este nos lleva a profundizar en importantes sectores de la vida personal.

¿Tienen que ver la salud y el amor?  ¿Repercuten las subidas o bajadas en la calidad de uno de ellos sobre cómo vivimos el otro? Interesante materia con sus elucubraciones teóricas y sus orientaciones pragmáticas.

Nos disponemos hoy a revisar algunas perspectivas de este  binomio, capaces de proveernos de una mejor salud o de un amor más tierno y fervoroso.  Y tal, que acompañado de esa dimensión que  tanto se valora hoy en día, alcancemos la famosa calidad de vida.

De seguro contamos con clara experiencia en que una buena salud facilita el amor, así como la falta de salud puede reducir la calidad de nuestro amor.  Esto es precisamente lo que sucede en la enfermedad depresiva, en trastornos de la personalidad como el esquizoide (o frio), el narcisista o el explosivo/impulsivo.

Más claro y familiar nos resulta la influencia del amor que profesamos en la salud que mantenemos.  Son los vaivenes del amor y el desamor capaces de generar mal de amores, estados estresantes o desesperanzados que suelen abocar en reducción de las defensas inmunológicas, desequilibrios endocrinológicos, somatizaciones, desórdenes alimentarios y otros muchos problemas de salud.

Afortunadamente el buen amor es fuente de salud.  La armonía convivencial que propicia el amor es indudable fuente de salud y felicidad, de gozo duradero y bienestar persistente.

Es muy de agradecer que nos faciliten estas tareas propias del mundo del amor.  Todos hemos sido constituidos para bien amar y para sentirnos amados.  ¡Cuánto se agradecen las muestras de cariño que expresan el amor! y que papel más importante juega la ternura que damos o recibimos en todas y cada una de las etapas de nuestras vidas.

Cuando se dice que el amor siempre encuentra recursos es algo así como lograr ayuda y servir a los demás aprendiendo a vivirlo con las pupilas que dilata el amor, ese amor que ponemos y vivimos.  ¡Qué gran juego ese del amor y cuan beneficioso resulta de ordinario ya que el amor que vivimos  recrece al amor que sembramos, generando un círculo virtuoso y creciente que mantiene el feed-back positivo de la relación amorosa.

Todo lo citado adquiere refuerzo al recordar aquel magnífico libro de C.S. Lewis Los cuatro amores que son afecto, amor de amistad, amor posesivo y amor de donación.  Bien gozoso resulta el pasear, con cabeza y corazón, por ese amplio, feliz y deseado jardín de los amores.  ¡Y cuánto nos queda  por aprender y enseñar en nuestras vidas!  Sería una pena dejar de dar fruto o de recoger la merecida cosecha del amor por ignorancia,  inadvertencia o rutina.

El médico, al igual que los psicólogos u otros profesionales de la salud, tenemos aquí un inapreciable y enorme campo de ayuda y una valiosa mina capaz de acrecentar los propios recursos saludables en la escuela del amor.  No podemos olvidarlo al mirarnos en el espejo o al atender a nuestros pacientes, porque revalorizará nuestro servicio y cuidado al que estamos vocacionalmente llamados a vivir en nuestro día a día.  Y bien merece la pena.  Seguro que contamos con ricas y expresivas experiencias personales y ajenas, pues el amor es como el aire limpio, lo exige nuestro vivir.

Dr. Manuel Álvarez Romero, Médico Internista.

Dr. José Ignacio del Pino Montesinos, Médico Psiquiatra

EL ANANCÁSTICO, UN QUIJOTE DEL S. XXI

El perfeccionismo en nuestros días

Bastantes años llevamos profundizando en la frecuente patología que es el Perfeccionismo patológico, también llamado Anancasticismo.

Satisfacción produce el alivio de tantos sufrimientos propios y ajenos que dan lugar a esta avería de la personalidad. Muchos casos de ansiedad, depresión… resultan ser consecuencia de un largo período de sufrimiento por esta causa.

Hace cinco años, una paciente con marcado Anancasticismo salió de esas redes con la aplicación del remedio habitual, o sea, con pastillas y palabras.

Me encontré con ella casualmente, hace una semana, y me preguntó por el artículo que ella misma escribió durante su tratamiento. Busqué, lo encontré en mis archivos, lo releí, esbocé algunas sonrisas con gratos recuerdos y le animé a que lo publicásemos. Aceptó, pero con la utilización de pseudónimo. Y aquí os lo hacemos llegar.

Seguro que os gusta, y quizá evoque el recuerdo de casos similares. ¿A que sí?

Dr. Manuel Álvarez.

 

EL ANANCÁSTICO, UN QUIJOTE DEL S. XXI

Ahora que tengo un rato para ti, escribo lo que me sale del alma:

Los anancásticos: qué palabra tan extraña para definir un tipo de persona, tan frecuente y tan desconocida, que ni ellos mismos ni sus familias lo detectan. Somos, en definitiva, unos Quijotes del S. XXI: con la sensibilidad a flor de piel, con una epidermis tan fina que detecta en demasía los desaires o pasotismo de los de su alrededor, y con un excesivo sentido del deber y de la responsabilidad que nos lleva a colocar las obligaciones laborales más allá del cansancio. Hasta emborracharnos y empacharnos del mismo trabajo.

Sufridores incomprendidos de luchar contra natura en cosas de la vida cotidiana que, para la gran mayoría, no tienen la menor importancia, y que a nosotros parece que nos da la vida…

Con una cabeza, no siempre privilegiada, que funciona a 150 km/h cada día, y que hace que a las 22:00h ya no seamos personas: con pensamientos repetitivos, incluso sobre varios temas a la vez, costándonos mucho cortar y zanjar episodios. Con la sensación de ir galopando hasta la extenuación, y es, en ese momento, cuando nos caemos y nos rompemos los huesos. Cuando nos damos cuenta de que por ese camino no vamos bien…

Personalidades excesivamente puntillosas, queriendo poner el broche o, al menos, su aportación en todo y a todo. Para “completarlo”, piensan ellos.

Algunos Anancásticos hemos tenido la gran fortuna de toparnos, en ese galopar sin rumbo y a lo loco, con personas que nos han fotografiado y reconocido. Han sabido aportarnos el screening de detección de qué rienda hay que tocar para enderezar nuestro rumbo y conseguir un camino recto. Y para adelante disfrutando de la vida: ¡consiguiendo por fin la felicidad!

En mi caso, si no hubiera sido por la orientación psicosomática recibida y más aún por la gran ayuda que supone el tener una familia con cimientos bien arraigados al suelo y especialmente de mi marido, hace años que hubiera volado hasta perderme en una burbuja de jabón…

María.
Sevilla, 10 de abril de 2014.

Ahorro adaptativo frente al Tecnoestrés

Salud Mental y Humanismo Médico

«Maestros taoístas y chinos aseguran que la sonrisa interior, de la que es

un reflejo la que aparece en nuestro rostro, refrigera los órganos especialmente

recalentados por la tensión y el estrés».

Mario Satz (n. 1944)

Sabemos que el Estrés es un proceso del vivir humano que pasa a denominarse Eustrés, cuando es oportuno y razonable.  Y lo llamamos Distrés cuando pasa a ser excesivo, e inductor de daño o patologías para quien lo sufre.

Con las vacaciones se logra destensar y descansar la persona que somos en sus distintos frentes.  Así reordenamos nuestra cabeza y nuestro corazón y nos reincorporamos a la vida ordinaria con energías, empuje y alto nivel de capacidades. Los cambios de actividad y de ritmo, el inicio y el fin de las vacaciones dan lugar a un especial gasto adaptativo que puede conducirnos a situaciones arriesgadas de Distrés más o menos manifiesto. No es mala costumbre echar la vista atrás, considerar lo ocurrido y así aprender. Esa tarea de examen y rectificación nos suele enriquecer y nos permite gozar, siendo un ejercicio deportivo, asequible a cualquier edad y circunstancia que solamente requiere de inteligencia, prudencia y humildad. Es propio del hombre vivir inmerso en el calendario y en la sociedad. Precisamente por eso resultan más propios para la revisión y el examen ciertos momentos como los señalados por el curso, los años o las vacaciones.

Y nos surge esta idea ante la consideración del llevarse o no trabajo profesional al lugar vacacional o a los tiempos de descanso. Ciertamente es prioritario el descanso personal, la vida familiar y el cultivo del deporte o la cultura., pero cada uno es cada uno y cada cual descansa a su manera. En esta temática entran, en nuestras vidas, los nuevos medios que exigen aprendizaje y un notable gasto adaptativo que conviene valorar. Tal cosa sucede con las nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (T.I.C.) en su variado y numeroso elenco que invade casi tempestuosamente nuestras vidas. Ahí se cargan cual mochilas invisibles y sin peso multitud de artículos, boletines, vademécum, webs, noticieros, mails, etc. que nos trasladan o nos aíslan del ámbito profesional en un on/off.

En esta dinámica del Trabajo/Descanso, del Eustrés/Distrés hemos de valorar el creciente papel que juega el gasto relacionado con el Tecnoestrés, nuevo concepto de sobrecarga adaptativa que nos sorprenderá cada vez que lo descubramos en nuestra tarea ocupacional.

Esto se debe, en gran medida, al auge de las nuevas tecnologías: correo electrónico, smartphones, grupos de Whatsapp del trabajo, mensajes de texto, etc. Mucha gente, aunque no quiera, se lleva trabajo a casa porque actualmente la oficina viaja con nosotros en nuestros móviles, portátiles y otros dispositivos. El concepto de Tecnoestrés está relacionado con los efectos psicosociales negativos derivados del uso de las T.I.C. y tiene dos vertientes: cómo afecta al usuario el exceso de tareas que determinan las T.I.C. y qué sobrecarga cualitativa y de aprendizaje conllevan.

Y es que las T.I.C. evolucionan de continuo en cuanto a modelos o nuevas aplicaciones. Aún quedan años, si es que se logra obviar, para que ese desgaste personal adaptativo sea vivido con bajo coste. Con acierto lo definió el psiquiatra norteamericano Craig Brod, como “la enfermedad de adaptación causada por la falta de habilidad para vivir inmerso en las nuevas tecnologías […] de manera saludable”.

Ya es hora de concluir con la intención con la que comenzamos, hagamos recuento de nuestro descanso estival, del inicio y del final, del balance en torno al disfrute y al crecimiento experimentados, tomemos nota de las ideas conclusivas y a intentar descubrir y aprender a preparar la vacuna para los fines de semana o las vacaciones de más o menos días. Es bueno y saludable pensar en los demás, pero también lo es recordar que la caridad bien entendida comienza por sí mismo. Y, además, recordaremos que mejor serviremos como médicos a nuestros pacientes cuanto más en forma nos encontremos. Esta es sin duda la mejor sabiduría.

Descansar y desconectar es una obligación tan seria como rendir en el trabajo; de hecho, si no lo hacemos bien, no rendiremos de forma satisfactoria en nuestras tareas. Y si no descansamos adecuadamente, estaremos el resto del año, malhumorados y cansados por no haber reposado cuando teníamos la obligación de hacerlo. Sin olvidar que, además de pagarlo nosotros, lo pagan nuestros amigos y familiares. ¡Ah! Un último consejo: una buena forma de desconectar es ocuparse en tareas audiovisuales, lecturas o escritura, o actividades creativas, que conlleven ecos de ocio y nos resulten motivantes y gustosas.

Manuel Álvarez Romero, Médico Internista.

Dr. José Ignacio del Pino Montesinos, Médico Psiquiatra.

Fracaso escolar: la educación y las perspectivas.

Una temática que en la actualidad está muy en auge es la educación de nuestros hijos e hijas. Cuando nos preguntamos quiénes son los que educan, si la familia o la escuela, encontramos diversas opiniones y controversias varias que tienden hacia una opinión u otra. Centrándonos en este enfoque, no podemos delimitar a la familia como único factor influyente en el proceso de enseñanza-aprendizaje, y, por ende, como la única influencia que recibe el alumno en su rendimiento académico, sea positivo o negativo.

Existen muchos factores que inciden en el rendimiento educativo del alumno, tanto personales, familiares, así como educativos, que pueden hacer que un alumno tenga un mejor o peor desempeño en sus tareas, así como que puedan afectar a la motivación e involucración personal que tengan en sus propios estudios y metas académicas. Consideramos que delimitar la eficacia o no de un determinado factor en el rendimiento de un alumno sería erróneo por nuestra parte, ya que un niño que tenga problemas en casa (discusiones de los padres, divorcios, llegada de nuevos hermanos, situaciones de desempleo…) puede llegar a presentar un bajo rendimiento académico, tal y como lo podemos encontrar en un alumno que dentro del aula sufra acoso escolar, no entienda bien los conceptos o quizás necesite más explicaciones respecto a una lección de la asignatura. Sólo es cuestión de centrarnos en las necesidades específicas e individuales de cada uno de ellos.

¿Cómo podemos determinar en qué casos y cuándo es más efectivo el refuerzo que recibe un niño/a dentro y fuera del aula, como por ejemplo acudir a consulta psicológica? Suponemos que hablar de forma global y sin datos, en los que poder basarnos, resulta un poco arriesgado por nuestra parte, ya que cada niño/a es un mundo en el que encontramos circunstancias, motivaciones y necesidades distintas. Es cierto que la labor del psicólogo infantil se centra en proporcionar, dentro de consulta, aquellas herramientas y refuerzos que están a nuestro alcance y supongan un refuerzo para los niños/as, individualizando la atención a las propias necesidades de cada uno de ellos.

Cuando hablamos de factores que influyen e inciden de forma efectiva (o no) en el rendimiento escolar de un niño/a podemos destacar los siguientes:

  • Factores personales: la motivación, interés y predisposición a atender dentro del aula, hacen que tenga una actitud diferente hacia su desempeño escolar, por lo que puede influirle de forma positiva en alcanzar un buen rendimiento educativo.
  • Factores familiares: el primer factor influyente que nos encontraremos es la familia, en particular los propios padres que pueden influir en el desempeño escolar de sus hijos con su forma de actuar y pensar. Recurrir a distintos tipos de motivaciones, externas e internas, con las que reforzar a los hijos en sus tareas educativas, hacen que éstos tengan una disposición más positiva hacia el estudio, destacando entre ambas, la motivación intrínseca, con la que se le valora su esfuerzo, desempeño, actitudes… haciendo que el niño se interese más por su propio aprendizaje.
  • Factores escolares: entre estos nos encontramos con los docentes que influyen de forma directa en el rendimiento académico del niño/a, ya que son los que guían y determinan las tareas que éstos deben realizar, y, por tanto, tienen en su mano la posibilidad de influir de forma eficaz en el rendimiento académico de los estudiantes. Por ello, es crucial focalizar nuestra atención en el llamado “efecto Pigmalión” y las consecuencias que tiene sobre la consecución de objetivos de los niños/as, ya que la creencia que tenga el docente sobre la capacidad del propio alumno va a influir en la consecución de metas académicas de forma eficaz y satisfactoria (y también las propias expectativas y creencias de los padres). También otro factor importante es el tipo de relación que tenga el alumno con sus compañeros, el clima de clase, así como la percepción de pertenencia al grupo, que el propio niño/a tenga.

El tipo de implicación familiar en la educación de los hijos, en relación al contexto escolar, ha disminuido. Actualmente no existe tiempo físico para que los padres dediquen parte de dicho tiempo a acudir al centro educativo, sólo una pequeña minoría, por situaciones de desempleo, tienen la “ventaja” de acudir a los centros, acompañar a sus hijos e incluso involucrarse en tareas lúdicas y recreativas que tengan lugar en éstos (convivencias, excursiones, teatros…). Según la Constitución española (1978), el derecho a la educación y el establecimiento de que tanto los profesores, como padres e incluso los propios alumnos, intervengan en el control y gestión de los centros educativos (que se encuentren sostenidos por fondos público de la administración), es decir, encontramos que por ley las propias familias están obligadas a estar pendientes de la formación educativa que reciban sus hijos, así como la gestión de dicho centro. Pero ante esto cabe preguntarse ¿en qué medida unos padres pueden intervenir en los centros educativos? Nos encontramos ante una realidad asoladora, que se caracteriza por eternas jornadas laborales, infinidad de trabajo acumulado que los padres se llevan a casa, junto a un síndrome que está en auge en el siglo XXI denominado “bournout”, es decir, el estrés laboral y la situación de presión que afrontan los padres hoy en día, que probablemente en otras épocas no tenían lugar.  Quizás este hecho sea uno de los que impiden, en muchos de los casos, que las familias puedan implicarse en menor o mayor medida en las actividades propuestas por los centros.

También es cierto, y es un hecho que no podemos negar, que las familias siempre buscan las mejores ayudas y recursos para sus propios hijos. Encontramos que a medida que han ido pasando los años, las familias han ido aumentando el uso de recursos externos para la propia educación de sus hijos (clases particulares, academias…). Y esto lo encontramos tanto en familias con poder adquisitivo, como aquellas con menos recursos, porque según observamos en las realidades en las que nos movemos, todos los padres afirman buscar “lo mejor para sus hijos”, aunque ello conlleve el gasto de recursos económicos. Probablemente estas situaciones estén motivadas por el poco tiempo que tienen para poder atender a sus hijos, y lo compensan con ayudas externas, pero quizás otra forma de ayudarlos sería involucrarse de lleno en el centro escolar, aunque dicha involucración no exigiera grandes periodos de tiempo.

Cada niño/a es un individuo rodeado por una serie de circunstancias y necesidades, y no podemos determinar qué puede resultar más eficaz si no nos involucramos en conocer el entorno que le rodea y de esa forma delimitar qué necesidades podemos cubrir (que no estén siendo reforzados en el aula). Aunque sí es cierto que las exigencias/refuerzos que se hacen desde dentro del aula van más orientadas hacia los objetivos y metas educativas del alumno, por lo que lo ideal sería que existiera un apoyo adecuado fuera del centro.

Existe un artículo de Lozano Díaz bajo el título “Factores personales, familiares y académicos que afectan al fracaso escolar en la Educación Secundaria”, en el que se nos muestra una variedad de factores y variables que afectan al propio rendimiento del alumno, y, por ende, a su propio proceso de enseñanza- aprendizaje. Tal y como hemos comentado, es de vital importancia tener siempre presente todas esas variables, sin olvidar ninguna, de forma que las intervenciones y orientaciones que se le hagan a nuestros pacientes sean siempre completas y que integren todos los factores que inciden sobre ellos en su día a día. Debemos, por tanto, centrarnos en una educación real y basada en la realidad que viven nuestros niños/as, en lugar de elucubrar sobre aquellos que consideramos que «podría» influir.

 

Fdo: Estrella Mesa Masa

Psicóloga Sanitaria

Centro Médico Psicosomático

5 claves para gestionar el estrés y la ansiedad

Como sabrás, la ansiedad es cada vez más comunes en la sociedad actual, afectando a cada persona de una manera u otra.

La ansiedad es un mecanismo defensivo ante situaciones “amenazantes” y su función es mantenernos alerta, mejorar el rendimiento y la capacidad de respuesta. Es una respuesta adaptativa que nos da la naturaleza, pero no siempre sabemos gestionarla adecuadamente. Tanto es así que en ocasiones la persona experimenta temor, miedo, irritabilidad y/o cambios de humor ante situaciones que interpreta como amenazantes, aunque en realidad no lo sean. Provocando una gran inquietud, intensa excitación y una extrema inseguridad, o como lo habrás oído muchas veces:  estar intranquila, con una presión en el pecho o en el estómago, con dificultad para dormir…

En este artículo vamos a dar algunos consejos rápidos para esas situaciones puntuales de estrés o esos momentos del día que cuestan más afrontar:

  1. Higiene del sueño: El descanso es fundamental para prevenir la ansiedad, por ello es recomendable dormir al menos 8 horas diarias.
  2. Hábitos alimenticios: Una dieta equilibrada enriquecida en frutas y verduras contribuirá a la estabilización física y mental de nuestro organismo.
  3. Practicar deporte: Se recomienda tener una actividad deportiva diaria, la cual ayudará al organismo a prevenir la ansiedad (salir a caminar, ejercicios en la piscina, Pilates, etc.)
  4. Planificar las actividades: Una buena organización de la agenda personal y/o profesional puede ayudar gestionar mejor el tiempo y vivir con más calma.
  5. Realizar la Relajación a diario: será la pieza clave para la reducción y eliminación de ansiedad.

En relación al quinto consejo, desde el Centro Médico Psicosomático, hemos creado un Taller: “Prevención del estrés y la ansiedad. ¡Cuídate!” que será impartido por las Psicólogas: Esther Rodríguez Díaz y Estrella Mesa Masa, con el objetivo de que los asistentes puedan conocer y prevenir la ansiedad además de aprender y practicar ejercicios concretos que le ayuden en el día a día a vivir con más calma y serenidad, fomentando el bienestar general e integrando cuerpo-mente.

Volver a la rutina tras las Navidades

Diciembre es un mes que se llena de momentos entrañables. Todo se llena de luces, regalos, comidas con amigos y reuniones familiares que parecen no acabar nunca. Se viven celebraciones y situaciones de diversión, pero también añoranzas y compromisos.

De todos es sabido que las Navidades influyen en el estado de ánimo.

La modificación del horario del sueño, las comidas pesadas, el sedentarismo, el consumo abusivo de alcohol y los compromisos hacen que se altere nuestro equilibrio emocional y físico.

De acuerdo con otros profesionales, se advierte que estas fechas no siempre coinciden con los propios ciclos psicológicos, de tal forma que el ambiente puede forzar la participación en dinámicas sociales no deseadas, conduciendo a cambios de humor, tristeza, pérdida de apetito o voracidad extrema, cambios en los niveles de energía, dificultades para concentrarnos o pensamientos obsesivos.

Por eso volver a la rutina puede resultar duro al inicio, pero retomar hábitos anteriores e incluso crear nuevos proyectos implicará numerosos beneficioso para la estabilidad emocional de cada uno.

Parece que enero es el mes más sufrido del año, pero también puede estar plagado de nuevas oportunidades por descubrir. Te damos algunos consejos para volver a la rutina con energía y motivación tras la Navidad:

  1. Haz un listado de propósitos con objetivos alcanzables a corto plazo y elabora un plan de acción.
  2. Aprende a cuidarte, piensa en tu salud. Comienza una dieta saludable, haz alguna actividad física y practica ejercicios de relajación.
  3. Establece una rutina de sueño. Duerme al menos 8 horas al día, y aunque al inicio te cueste conciliar el sueño, no desesperes, lee o escucha la radio.
  4. Adopta una perspectiva de desarrollo y crecimiento personal. Cultiva nuevas aficiones. Crea nuevas expectativas.

Para todo ello, haz un plan semanal con una organización dirigida a las diferentes áreas de tu vida: obligaciones, objetivos y prioridades.

A veces tendrás que hacer sacrificios y tardarás en ver los resultados, pero eso no significa que no vayas a lograrlo. Sé paciente y tenaz y conseguirás todo aquello que te propongas.

Poco a poco, empezarás a sentirte mejor, más optimista y tu cuerpo experimentará esos cambios. Y si tienes que acudir a un especialista para que te asesore de forma personalizada, no dudes en hacerlo.

Esther Rodríguez Díaz

Psicóloga Sanitaria

“De vuelta a la rutina”

Tras el periodo vacacional, después de los viajes, el descanso, el disfrute o el tiempo libre hay que incorporarse de nuevo a la rutina. Comienza un nuevo curso y esto a veces cuesta más de lo previsto.

En este proceso se nos presenta la necesidad de gestionar un cambio, ya que al estar de vacaciones nuestras rutinas, actividades y horarios son diferentes, con el matiz y refuerzo de ser más agradables y flexibles. Y de repente todo cambia: hay que madrugar, soportar las altas temperaturas veraniegas, el tiempo libre parece que se evapora y tienes que reorganizarte€¦Â

Esta readaptación a la nueva situación puede, a veces, conllevar síntomas físicos como cansancio generalizado, fatiga, falta de sueño, dolores musculares, falta de apetito o de concentración, también síntomas psíquicos como irritabilidad, tristeza, falta de interés o nerviosismo. Generando lo que algunos especialistas califican como Síndrome postvacacional. Pero, ¿en qué consiste exactamente?

El Síndrome postvacacional, se puede definir como el estado que se produce en el trabajador al fracasar el proceso de adaptación entre un periodo de vacaciones y de ocio con la vuelta a la vida activa, produciendo molestias que nos hacen responder a nuestras actividades rutinarias con un menor rendimiento.

Los síntomas de este síndrome suelen durar entre diez y quince días, el periodo medio de adaptación de nuestro cuerpo a los cambios. De tal forma, consideramos oportuno hacer una reflexión personal y profunda al respecto pues si estas manifestaciones continúan a lo largo del tiempo será recomendable acudir a la consulta de un especialista (médico o psicólogo) ya que puede tratarse de algo más complejo.

En esta línea, hay estadísticas que demuestras que los casos más frecuentes suelen ser de personas víctimas de acoso, ya sea escolar (bullying) o laboral (mobbing), con menor resistencia ante la frustración o con conflictos anteriores no elaborados (futura separación, depresión enmascarada, etc.).

Como método preventivo, recomendamos no alargar las vacaciones hasta el día anterior de empezar a trabajar. Es mejor volver de vacaciones un par de días antes para que la adaptación a la rutina sea más paulatina, empezando a habituarnos nuevamente a los horarios, clima, comida, deporte….

Y para finalizar, os damos algunas recomendaciones que ayudan a reducir los síntomas mencionados:

  • Mantener hábitos de vida saludables: llevar una dieta equilibrada y respetar los horarios de sueño y ejercicio físico.
  • Planificar la agenda de trabajo, pero también organizar alguna actividad agradable para el fin de semana.
  • Mantener una actitud optimista y positiva, evitando pensar que el trabajo es una carga.
  • Liberar tensiones a través de técnicas de relajación.
  • Proyectar metas a corto/medio plazo que nos motive a dirigir nuestras acciones en el camino deseado.

 

Esther Rodríguez Díaz

Psicóloga Sanitaria

Centro Médico Psicosomático

Sevilla, 13 de septiembre de 2017

LA ACEPTACIÓN DEL SUFRIMIENTO

Es evidente que la sociedad actual huye del sufrimiento y así observamos como al menor dolor buscamos un analgésico, hasta tal punto que el consumo de analgésicos derivados de la morfina es, en la actualidad, un auténtico problema en Estados Unidos y nuestro país está siguiendo el mismo camino. También huimos u ocultamos lo molesto o desagradable como por ejemplo la muerte y proliferan los tanatorios donde es muy difícil ver al muerto y rezar por él delante de su cadáver.

Pero el sufrimiento forma parte de nuestra vida, es intrínseco a ella y este intento de evitarlo conduce a una lucha sin cuartel que los psicólogos denominan evitación experiencial y que consiste en una amplia gama de comportamientos dirigidos intencionadamente a evitar el contacto con pensamientos, emociones, sentimientos, recuerdos… que son vividos como negativos. La persona se enreda en una lucha que tiene como resultado la rigidez psicológica que la aleja de aquello que en realidad más le importa en la vida.

Pero son los valores personales, aquello que da sentido a nuestra vida, lo importante y la no aceptación del sufrimiento ahoga esta buena dirección. Por eso, desde un punto de vista psicológico, es muy saludable la aceptación de esas experiencias negativas, pero sin luchar contra ellas y, sobre todo, sin pasarse la vida intentando evitar el sufrimiento. Esto nos permitirá centrarnos en lo verdaderamente importante: hacer lo que da sentido a mi vida.

Este hacer se concreta en la conciencia plena, hoy y ahora, de nuestra persona y nuestro quehacer, es decir la aceptación de las propias reacciones naturales, automáticas e inherentes a la condición humana y la toma de contacto con el momento presente, lo que permite elegir más libremente una dirección valiosa, con sentido personal y comprometerse con la acción y los cambios acordes con esa dirección.

Junto con la aceptación aparece el compromiso con la acción que materializa el sentido de la vida. Lo que hemos decidido ser, lo que queremos hacer, nuestro ideal….exige ese compromiso orientado a la acción con clara conciencia de ello.

Como decía un autor «haz lo que debes y está en lo que haces»

Francisco Atienza Martín

Doctor en psicología.   Médico de Familia

Las redes sociales: un arma de doble filo

La era tecnológica 2.0.

“Tengo miedo del día en que la tecnología sobrepase la interacción humana, entonces el mundo tendrá una generación de idiotas”. Éstas son palabras de Albert Einstein ante las cuales puede haber disparidad de opiniones, pero lo que no se puede negar es la gran evolución a nivel tecnológico que hemos experimentado.

Es cierto que a lo largo de la historia nos hemos ido adaptando a muchos cambios, de forma que el hombre ha evolucionado y mejorado con el paso del tiempo.

Dentro de estas mejoras han aparecido los ordenadores, teléfonos inteligentes, tablets… infinidad de aparatos de última generación que nos permiten día a día permanecer conectados al mundo, y gracias a ello, nos han abierto las puertas a millones de relaciones sociales.

La tecnología se ha convertido, por tanto, en una herramienta que satisface las necesidades del hombre, tanto de conocimiento, inmediatez, así como de relación.  De ahí que existan las redes sociales, que nos permiten estar conectados las 24 horas del día a la última información, así como contactar con nuestro círculo de amigos y familiares.  Las redes sociales son una parte fundamental de nuestra vida y han pasado a ser el terreno donde se desenvuelven la mayoría de las relaciones. ¿Tienes Twitter, Facebook, WhatsApp…? Si tu respuesta es sí, podemos decir que estás integrado plenamente en la era tecnológica… Sin lugar a dudas, uno de los temas candentes de hoy en día.

¿Qué aportan las Redes Sociales?

Estas redes sociales han proporcionado un gran paso a nivel personal y social, pero… ¿Alguien ha reparado en los perjuicios que tienen? Sí, has leído bien. Hablo de perjuicios, de inconvenientes y de daños que puedan llegar a producirnos dependiendo del uso que le demos y del papel que desempeñen en nuestra vida. Son canales de información en los que nos exponemos a todo el mundo… Una pequeña venta de acceso a nuestra vida.

Recuerdo cuando existían las identidades virtuales, esas que te permitían permanecer oculto tras un nick en un chat. Pero ahora todo eso ha cambiado, ahora la identidad virtual y la real se han acercado tanto que casi no somos capaces de distinguirlas. Nos mostramos al público sin caretas y sin miedos a expresar lo que queramos, hasta experimentamos que nuestra intimidad queda muchas veces violada. Todo el mundo opina, todo el mundo puede hacer juicios de valor acerca de tu propia vida e incluso, muchas veces, hacemos publicaciones para recibir el beneplácito de los demás. ¿Qué imagen estoy dando de mí?

La verdadera cara de la Red Social.

Pero, no nos centremos únicamente en las redes sociales anteriores, preguntémonos cómo puede afectarnos el uso del WhatsApp. ¿Cuántas veces has vuelto a leer un mensaje que ya habías leído al recibirlo?, ¿le encontraste un sentido distinto al inicial?, ¿es posible que un mensaje tenga un doble sentido? Si nos dicen “no” es no, ¿por qué intentamos buscarle los mil significados a dos letras que simplemente quieren decir “NO”? ¿Por qué nos sentimos inseguros cuando vemos que alguien no nos responde o incluso está en línea, lee nuestro mensaje y no responde? Tenemos ante nosotros a la Red Social más controladora que pueda existir. Nos avisa de si la otra persona ha recibido el mensaje o no, de la hora a la que lo ha recibido y a la que por última vez se conectó. Este hecho nos hace partícipes de la vida de los demás y nos aporta información sobre la vida del otro. Lo que no nos damos cuenta es de la dependencia tan grande que hemos desarrollado en este último tiempo con respecto a estas aplicaciones. ¿Quién es capaz de guardar el móvil durante una cena y no mirar ni uno solo de los mensajes que ha recibido? ¿No te ha pasado alguna vez que has estado con alguien y has sentido que prestaba más atención al móvil que a ti mismo?

Es muy cierto que los avances tecnológicos son importantes y nos aportan muchísima evolución. Pero debemos recordar que en las redes sociales no existen las entonaciones, que carece de la parte fundamental del lenguaje no verbal que nos ayuda a descifrar emociones, sentimientos, a través de las expresiones faciales o movimientos corporales…y, finalmente, que una vez que apretamos el botón “enviar”, nada nos pertenece.

Depende de nosotros, y de nuestra actitud hacia éstas, lo que determine si es beneficioso o no el uso de las redes sociales. Ser conscientes, por tanto, de que un uso excesivo y descontrolado de las mismas puede influir de una forma negativa en nuestras vidas, creando una rutina patológica en el uso de éstas.  La pérdida de control, una interferencia grave en la vida diaria de una persona, así como una dependencia constante son alguno de los síntomas que identifican a las personas, que han pasado de ser usuarios frecuentes de las redes sociales, a adictos de las mismas.

Las redes sociales y la estabilidad de la pareja.

Si las redes sociales influyen en relaciones como la amistad o la identidad de la propia persona ¿cómo no va a influir en los matrimonios y noviazgos? Éstas han dado lugar a múltiples conflictos por celos, desconfianza, falta de comunicación, así como posibles infidelidades vía internet.  Si tenemos en cuenta que existen muchas relaciones con problemas de entendimiento, el uso de redes sociales se convierte en el chivo expiatorio que termina por romperlas. No con ello afirmo que el uso de redes sociales sea el causante de las rupturas, sino que puede llegar a convertirse en una de las causas que propicie el fin de una relación, ya que como he citado anteriormente, no son las redes sociales un enemigo del hombre, sino que es el uso éstas lo que condiciona el desarrollo de nuestra vida.

En muchas ocasiones no son más que malos entendidos que fácilmente podrían aclararse conversando sobre lo que cada uno considera que debe quedarse en la intimidad de la relación o puede ser público. En otras ocasiones no se queda en eso, sino que evoluciona hasta instalar la desconfianza entre ambos, y dado que nada tiene un significado exacto (ya que depende de la entonación e importancia que le dé la persona que lo lee) nosotros mismos empezamos a darle significado a todo lo que dice o hace el otro, dando paso a un distanciamiento en la pareja. En definitiva, es como un círculo vicioso. No se aclara lo que debería quedarse en la privacidad, no hay sinceridad el uno con el otro, se instala la desconfianza, en lugar de preguntar al otro, se “expían” los movimientos en las redes sociales, y así sigue el circulo hasta que la relación no tiene nada que la sustente y tiene a fracasar.

Pero no todo está perdido. Existe algo que puede ayudarnos con este desasosiego que en muchas ocasiones tenemos… La racionalidad y el uso adecuado de las Redes Sociales nos pueden permitir llevar una relación estable, forjada en la comprensión, el respeto y la confianza. Al fin y al cabo, no es más que aplicar a la vida digital el sentido común que, se presupone, tenemos en nuestra vida diaria. Dedica tiempo, de forma equitativa, a tu trabajo o estudios, a tu matrimonio o noviazgo, al ocio, a las relaciones sociales… y no permitas que al finalizar el día hayas gastado la mayor parte del tiempo mirando una pantalla. Mira a la cara, abraza y disfruta con el otro. Déjate sorprender por lo que cada persona te pueda aportar, y crece personalmente buscando ser siempre mejor persona.

Estrella Mesa Masa

Psicóloga sanitaria (AN-08491)