Miscelanea Marzo 2026

El sentido del sinsentido

“Más importante que la vida de una persona sea

placentera o penosa es que esa vida tenga un sentido.”

Viktor Frankl (1905-1997)

aquí estamos en tiempos veraniegos, como todos los años, quejándonos del calor, pero dispuestos a aceptarlo si viene acompañado del esperado descanso. La llegada de las vacaciones es siempre un buen momento para ralentizar el ritmo de vida que llevamos cotidianamente. Durante el resto del año el trabajo con sus madrugones y horarios laborales agotadores apenas dejan tiempo libre para algunas actividades de ocio y el descanso.  Aunque hay quien dice que esto tiene una vertiente positiva, pues permite no plantearse problemas que cuando los pensamos con tranquilidad podrían angustiarnos. Es el viejo dicho de: “Lo urgente no deja tiempo para lo importante”.

Distintos terapeutas han enfatizado el tema del sentido en la vida de las personas. En el pasado siglo XX, el psiquiatra suizoestadounidense Adolf Meyer fue reconocido como el padre de la Terapia del sentido común. Y más adelante, en ese mismo siglo, el también psiquiatra Milton Erickson asombró al mundo con su “Terapia del sinsentido” (traducida al español como “Terapia no convencional”) que desafiaba la terapia lógica y razonable con soluciones aparentemente disparatadas. Este camino fue estudiado por otros terapeutas y aquí encontramos a otro viejo amigo, el psicólogo austroamericano Paul Watzlawick, quien en su libro “El sinsentido del sentido o el sentido del sinsentido” además de aportar valiosos recursos terapéuticos y reconocer nuestros numerosos condicionamientos, señala claramente que no estamos determinados por ellos:

“Nosotros no somos factores computables. Por un lado, estamos condicionados mediante las propiedades del sistema al que pertenecemos, pero también estamos en condiciones de poder intervenir de modo autónomo y generar cambios.”

Por mucho que las circunstancias nos presionen, podemos decidir cambiar y es en el verano, con más tiempo libre para pensar y replantear qué estamos haciendo con nuestra vida, cuando podemos tomar importantes decisiones. Estas indefectiblemente tendrán consecuencias y, ¡ay!, no todas serán positivas. No en vano en España septiembre es llamado “el mes de los divorcios”, pues durante el mismo hay casi un 40% más que en el resto del año. Resumamos la cuestión, sabemos que seguir hacia adelante sin saber a dónde vamos no conduce a nada bueno, pero pararse y decidir sin ser capaz de calibrar adecuadamente la situación para reorganizarse, tampoco parece la mejor de las soluciones. Recordemos que destruir siempre es más fácil que reconstruir, y que no necesariamente significa que por no ser difícil sea lo más satisfactorio.

Desde el psicólogo Abraham Maslow es conocido que todos tenemos una jerarquía de necesidades imprescindibles para vivir y alcanzar la felicidad. En la base se encuentran las necesidades fisiológicas (comida, bebida, sueño…), y, una vez satisfechas, nos planteamos la necesidad de seguridad. Después, si nos sentimos a salvo, precisaremos aceptación, formar parte de un grupo. La siguiente meta que debemos superar es la necesidad de estima, sentirnos apreciados y recibir afecto de quienes nos rodean. Y ya, finalmente, si todo lo demás se ha conseguido sólo falta la necesidad de autorrealización, sentirnos satisfechos con lo que estamos haciendo en y con nuestra vida.

A este respecto otro psicoterapeuta también humanista, el psiquiatra Viktor Frankl advierte que: “El hombre puede autorrealizarse sólo en la medida que se olvida de sí mismo”. Importante aviso. Estamos de acuerdo que necesitamos el descanso vacacional, pero quizás no sea tanto para mirarnos el ombligo, sino como para poder compartir(nos) con familia y amigos sabiendo que eso realmente es lo que nos hará sentirnos mejor.

Y es que como el propio Frankl nos recordaba al inicio que lo más importante en nuestra existencia es saber el sentido que le damos a la misma. Y con él afirmamos, a pesar del maremágnum en el que nos desenvolvemos cotidianamente, que la vida tiene sentido, pero que depende de cada uno el encontrar cuál es el suyo propio. ¡Buena búsqueda y mejor verano!

 

Dr. Manuel Álvarez Romero, Médico Internista  

Dr.  José Ignacio del Pino Montesinos, Médico Psiquiatra