El derecho al olvido

      “Las redes guardan nuestras risas, discusiones y también los descuidos. Dejamos que la tecnología sea nuestra memoria y, sin querer, perdemos el derecho al olvido...” Esteban Fernández Hinojosa (ABC 2025)

Los amigos son la alegría de la vida y cuando escriben tan bien sobre temas de actualidad la satisfacción crece. El magnífico artículo del Dr. Fernández Hinojosa enfatiza el peligro de las redes sociales, instrumento que permite la comunicación y que “sirve para acercar a los lejanos y alejar a los cercanos”. Como herramienta es útil, pero también encierra sus riesgos. Aquí, el autor advierte que esto es mucho más serio que un simple problema de comunicación:

“Mientras la tecnología lo registra todo, la conciencia necesita ese acto de renuncia y purificación que la libera de su propia carga, la reconcilia con la vida y le permite cultivar una memoria agradecida. El olvido más que negar la memoria, es equilibrio moral.”

No se trata sólo de poder entenderse con otras personas, es que sin el olvido ─limitado por una técnica que conserva imágenes y recuerdos mucho más duraderos que los de nuestro cerebro─ se nos impide superar deslices y faltas, parcialmente disculpables por la inconsciencia de la juventud, pero que fijas en la madurez, suponen un grave impedimento para quien carga con ellas:

“Entre los mayores desafíos culturales de nuestro tiempo ─además de respetar la historia─ está aprender a olvidar. Recuperar el olvido como derecho y como virtud: el derecho a que los errores de uno no sean eternos; y la virtud de soltar lastre de lo que ya no se es. El olvido, en el fondo, es una forma de esperanza; es saber que se puede volver a empezar, que no se está del todo condenado.”

Y en otra parte del artículo sigue diciendo nuestro autor:

“En la frontera entre lo que se recuerda y lo que se deja ir se juega, quizá, la última forma de libertad.”

Ya advertíamos de la seriedad del tema es y así lo consideran otros reconocidos autores. Debemos a la Dra. María Ángeles Dichas el descubrimiento de Héctor Abad Faciolince y su novela autobiográfica titulada “El olvido que seremos”. En ella el autor colombiano advierte que:

“Todos estamos condenados al polvo y al olvido […]. Sobrevivimos por unos frágiles años, todavía, después de muertos, en la memoria de otros, pero también esa memoria personal, con cada instante que pasa, está siempre más cerca de desaparecer.”

Disfrutamos con la esperanza de la vida eterna, pero debemos aceptar que la vida terrenal es, en cambio, temporal. Aquí somos, como en aquella dulce balada del grupo Kansas “polvo en el viento”. Héctor Abad continúa:

Visto en perspectiva, como el tiempo del recuerdo vivido es tan corto, si juzgamos sabiamente, «ya somos el olvido que seremos», como decía Borges. Para él este olvido y ese polvo elemental en el que nos convertiremos eran un consuelo «bajo el indiferente azul del Cielo».”

Y es que el sugerente título del libro proviene a su vez de un poema de Jorge Luis Borges, quien con añoranza reconocía en sus versos:

«Ya somos el olvido que seremos.

El polvo elemental que nos ignora

y que fue el rojo Adán y que es ahora

todos los hombres, y que no veremos.”

La presencia del olvido conduce hacia una melancolía innegable, pero es cierto que su ausencia es una tortura. Así lo transmite el mismo autor bonaerense en el cuento titulado “Funes el Memorioso”. Con su habitual maestría narrativa nos hace partícipes del sufrimiento continuo de quien no puede olvidar:

“Le era muy difícil dormir. Dormir es distraerse del mundo; Funes, de espaldas en el catre, en la sombra, se figuraba cada grieta y cada moldura de las casas precisas que lo rodeaban. (Repito que el menos importante de sus recuerdos era más minucioso y más vivo que nuestra percepción de un goce físico o de un tormento físico.).”

            Lo importante en la vida debe dosificarse. Aun reconociendo que su presencia puede entristecer, reivindicamos nuestro sano derecho al olvido.   

            Dr. Manuel Álvarez Romero, Médico Internista

            Dr. José Ignacio del Pino Montesinos, Médico Psiquiatra


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