Miscelánea diciembre 2025

Salud Mental y Humanismo Médico

Con el corazón herido

“Vivid tranquilos, en medio del alboroto y las prisas,

y recordad la paz que se puede encontrar en el silencio.”

Max Ehrmann (fragmento de Desiderata, 1927)

 

Es propio de la contingencia del corazón humano el que siempre pueda ser dañado de modo accidental por falta de cuidado o por desgaste en el vivir. Parece obvio que el corazón de nuestra época recibe y sufre heridas con mayor frecuencia y quizás intensidad que en otras anteriores. Y esta consideración acude a la mente por el libro recientemente aparecido del físico coreano-alemán y profundo filósofo converso al cristianismo Byung Chul Han, titulado “Sobre Dios”. En él se recoge una descripción del panorama mental y emocional de nuestro tiempo siguiendo la guía del pensamiento de la filósofa y activista Simone Weil, que vivió su azarosa vida un siglo antes que el citado Han,

Estas líneas entrañan una mirada al espejo del vivir, a las imágenes que la realidad genera y reflejan la ausencia de la trascendencia en el propio vivir. Se descubre, a través de esa ventana virtual tantas veces inadvertida por el hombre y tan necesaria, el empobrecimiento y la erosión de la capacidad de atención por distracciones no queridas o buscadas que se han ido instalando en nuestras vidas. Y es que la imaginación crece de modo continuado y en forma de trampa al servicio del ego, llegando a una situación deficitaria de “nutrición humana”, que se puede denominar autofagia espiritual, y que constituye un camino certero hacia el deterioro personal y la muerte.

Suele suceder que nuestra atención no está pilotada por la razón ni por el buen pensar, no es ayudada hacia los principios nutritivos intelectuales y emocionales que conducen a una vida sana y a un desarrollo equilibrado y satisfactorio. Falta saber esperar y estar bien disponibles para tomar las decisiones que más convengan y “nos nutran”, en lugar de jugar a la ruleta como hacemos en el mayor parte de nuestras decisiones. Esta reiteración azarosa nos irá debilitando y deteriorando, haciendo eco al pensamiento, escritos y vida de la trágicamente desaparecida escritora británica Virginia Woolf. Se propicia

inadvertidamente la renuncia al yo trascendente, tan propio del vivir lógico y bien pensado que habría de conducir o reconducir nuestras vidas. Y es aquí donde radica en muy alta proporción la necesidad de recuperar el amor como base de nuestras opciones y decisiones, solo así se puede vivir evitando caer en la ética del vacío, la ética del poder o la ética de la seducción.

Estas consideraciones nos recuerdan lo que ya aprendimos del maestro de la Medicina Psicosomática Juan Rof Carballo. En su último libro Terapéutica del hombre desarrollaba el valor del buen crecimiento en el vivir gracias a las decisiones bien tomadas en nuestro cerebro. Solo así cabe el poder conquistar la gentil elegancia y la generación de una enraizada paz personal. Y puede destacarse el terreno en el que ha de sustentarse esta toma de sanas decisiones: la necesidad del silencio frente al ruido del vivir. Una bulliciosa atmósfera que busca ciegamente la ambición del logro, del poder o el someter conduce al desgaste y, tantas veces, al sentimiento de fracaso y de vacío. Y es que el silencio en el vivir interior no genera ganancias inmediatas, pero el ruido sí causa desgaste y conduce a la extinción de la vida. Y volvemos a Simone Weil cuando apuntaba que no hay felicidad como el silencio interior, contando con que los sentidos desgastan de modo oculto e inadvertido, tal como ocurre en el ámbito metabólico del ser humano con las vitaminas y los oligoelementos.

¡Cuánto hemos trabajado los autores de estas líneas en el papel del dolor y el sufrimiento para la búsqueda de la felicidad de la persona! La práctica clínica desde la Medicina (particularmente la Psiquiatría) y la Psicología son caminos que hemos de recorrer para ayudar a alcanzar este ansiado logro.

Y quizás todo se reduzca a que nos falta el necesario silencio para el diálogo interior con nosotros mismos y con los demás. Quizá tendríamos que proponernos hacer algún máster o maestría como empresarios de nuestros proyectos personales y sociales. Y esa formación permanente necesariamente debe incluir la dimensión trascendente y sobrenatural ─en el sentir de Simone Weil─ pieza fundamental en la arquitectura del alma humana; un aspecto que actualmente es cada vez menos reconocido y, por desgracia, está siendo muy descuidado y olvidado por cada uno de nosotros.

Dr. Manuel Álvarez Romero, Médico Internista

Dr. José Ignacio del Pino Montesinos, Médico Psiquiatra