Miscelanea Mayo 2026

APRENDIZAJE, SENCILLEZ Y AGRADECIMIENTO

 Valentín Fuster, director del CNIC y del Instituto Cardiovascular del Mount Sinai (USA), viene defendiendo que la salud emocional y la física forman un único sistema. En sus recientes trabajos ha mantenido la expresión de algunas constantes en la base generadora del buen hacer, De entrada, afirma que ha de entender que la felicidad es un estado/sentimiento derivado de una conducta que se construye en el sujeto que somos cada uno de nosotros cuando vivimos una especial conciencia y conducta. Antonio Dalmasio, neurólogo de elite en nuestros días ha escrito: «El sentido de la vida es crear algo nosotros mismos, y la felicidad es lo que nos permite lograrlo«.

Para ello propone cuatro claves que orientan la relación con el mundo y sostienen el bienestar. Y hace pocos años el Prof. Valentín Fuster proclamó el enunciado de las cuatro ‘A’ actitud, aceptación, autenticidad y altruismo— que son, para el eminente cardiólogo, el núcleo de una vida equilibrada. Nos dice que está convencido de que el bienestar surge cuando la conducta se alinea con un propósito porque así la sencillez permite resistir la presión del entorno sin perder la estabilidad emocional. Y esto genera una gran paz, razón de eficacia.

Sea la primera una Actitud Positiva y la mirada proactiva que permiten afrontar los quehaceres sin caer en la pasividad. Lleva a pensar un “Encuentro barreras, pero las voy a solucionar”. Desde la psicología positiva, la actitud proactiva se relaciona con la autoeficacia, la creencia de poder influir en los resultados. Diferentes estudios muestran que esta percepción reduce el cortisol, la hormona del estrés, favoreciendo la regulación emocional. Esta base bioquímica protege, consiguientemente, la salud cardiovascular.

La Aceptación es la segunda ‘A’. Y así Valentín Fuster critica la comparación constante que desgasta. Valorar la propia vida sin desear la ajena fortalece la autoestima y evita la frustración que surge de aspirar a estándares imposibles o ajenos.

La ciencia respalda esta propuesta. La aceptación es un eje del mindfulness y de la reducción del estrés. Las investigaciones muestran que evitar la comparación disminuye la actividad cerebral asociada a la amenaza y a la rumiación negativa. Esta reducción libera recursos cognitivos y permite centrarse en el presente, reforzando la estabilidad emocional y la autorregulación interna.

La tercera ‘A’ es la Autenticidad. Con la sencillez y simpatía que caracterizan al Prof. Fuster afirma que ser la misma persona en la mañana, tarde y noche define una riquísima coherencia personal. Y es que la identidad verdadera aparece en la adversidad y sabemos que, ante un infarto, un presidente y un hombre pobre son la misma persona. La autenticidad revela valores cuando caen las máscaras.

La psicología social valida esta necesidad de coherencia interna y las investigaciones sobre autenticidad personal confirman que la disonancia entre el yo real y el yo presentado al mundo es un predictor directo de mayores niveles de estrés. Sentir que se actúa contra los propios valores consume vastos recursos mentales. Por el contrario, la autenticidad se asocia con bienestar subjetivo y vitalidad.

El Altruismo es la cuarta ‘A’ y la más determinante. “La gente más feliz es la que da, no la que recibe”, afirma Fuster. Y avalamos que hay más felicidad en dar que en recibir. Sentirse útil para los demás, incluso en gestos cotidianos, genera una satisfacción estable y profunda. Para el cardiólogo, esta orientación social otorga propósito y es el componente más sólido de una vida emocional equilibrada.

La neurobiología moderna confirma esta tesis y las investigaciones muestran que los actos de generosidad activan el núcleo accumbens, centro de recompensa cerebral. Esta respuesta produce una satisfacción intrínseca que no depende de la validación externa. El cerebro humano está configurado para que la cooperación genere bienestar individual y cohesión social, reforzando el valor emocional del altruismo cotidiano.

Señala Fuster la necesidad de conseguir cimientos internos cosa que se viene a lograr con la dedicación al tiempo para la reflexión, al reconocimiento del propio talento, al saber sostener una mirada positiva y al apoyarse en figuras que nos orienten.

Para Fuster, esa combinación de introspección, vocación, optimismo y guía define la madurez personal que abre paso a las cuatro ‘A’ como estructura final del bienestar.

En trabajos similares a este, publicados repetidamente, hemos venido proclamando el modelo titulado como las cinco “A” que, desde una perspectiva similar a lo anteriormente expuesto pero más centrada en el Agradecimiento personal y operativo, propone estas expresiones: la Aceptación, la Asimilación, la Acción, el Agradecimiento y la Experiencia.

Y la experiencia en la clínica diaria nos convence, cada vez más, de la maduración reflexiva que se logra mediante la aplicación de estas pautas y modelos.

 

Dr. Manuel Álvarez Romero. Médico internista

Dr. José Ignacio del Pino Montesinos. Médico psiquiatra.