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Saber perdonar y pedir perdón

Salud Mental y Humanismo Médico. Publicado en el boletín digital del Colegio de Médicos de Sevilla el 15 de octubre de 2020

«El perdón es un milagro que nos permite seguir viviendo» Hannah Arendt (1906-1975)  

Quizá nunca te hayas parado a pensar en el perdón, algo tan grandioso y que con frecuencia pasa desapercibido, tanto el que otorgamos como el que se nos concede. Bien supo de esto la filósofa judía cuya frase encabeza el artículo y que hubo de sufrir “la banalidad del mal” tras la Segunda Guerra Mundial. Por eso os animamos, ahora, a contemplar el perdón y a recrearnos en él, en tiempos que invitan a elevar el umbral de la propia sensibilidad hacia la trascendencia de nuestra vida.

¿Te gusta perdonar? ¿Has paladeado el buen sabor del perdón otorgado con caridad y humildad?  Con ese ejercicio nos ahorraremos el sufrimiento que se deriva de los pequeños o grandes rencores que anidan en el alma de quien no perdona. Estos acaban sufriendo heridas en el corazón, agudas o crónicas, que sólo sanan con el bálsamo del perdón recibido. La Dra. Karen Swartz, directora de la Clínica para los Trastornos del Ánimo del Johns Hopkins Hospital Medicine, de Baltimore, Maryland, EE.UU, señala como el enfado crónico a través del modo Lucha-Huida, genera alteraciones cardiacas, de la tensión arterial y de la respuesta inmune, aumentando el riesgo de Depresión, Cardiopatía, Diabetes y bajando el umbral del Dolor. Y, al contrario, en un estudio prospectivo encuentra una correlación positiva entre el perdón y la salud a lo largo de los años.

Otro ilustre autor, Tyler J. VanderWeele, profesor de epidemiología en la Escuela de Salud Pública T. H. Chan de la Universidad de Harvard, Cambridge, Mass., EE.UU., aclara que el perdón no es algo abstracto sino que consiste en reemplazar la mala voluntad hacia el malhechor, deseándole lo mejor. Y como sabe que no es algo fácil de alcanzar proporciona distintos modelos. El modelo de Enright consta de hasta veinte pasos en cuatro fases: Reconocer sentimientos negativos por la ofensa; Decidir perdonar en concreto; Comprender al infractor; y Empatizar con sentimientos positivos hacia éste. Y es que el perdón bien paladeado sabe divinamente y es difícil discernir cuál de los dos actos engrandece más: perdonar o pedir perdón. Finalmente pensamos que el segundo, porque requiere una mayor dosis de humildad.

Solicitar el perdón es lo propio cuando descubrimos nuestros errores personales, ¿y quién padece tan nefasta miopía como para no ver y reconocer, como cosa ordinaria, los propios yerros?  Solo los ríos no saben rectificar, no pueden pedir perdón. ¿Y nosotros?  Podemos y debemos pedirlo. 

Se dice que: “Dios perdona siempre, las personas algunas veces, y que la naturaleza no suele hacerlo”. Es algo que parece cierto, más si reparamos nuestra propia experiencia.  ¿Hay algo tan asequible y a la par tan difícil como perdonarse a sí mismo?  Cuesta ¿verdad?  Pues el texto del libro Respuestas no promesas de Rita Antoinette Francis Rizzo, más conocida como la madre Ángélica, lo intenta:

“…decidí dar un paseo junto al mar. Me encanta el océano… / me detuve como de costumbre a unos diez metros de la orilla y llamé a las olas para que se me acercaran… / Me sorprendió comprobar que una ola me había oído. De pronto vi que estaba a punto de ser zambullida por una de las olas más gigantescas que he visto en mi vida. Quedé atónita, sin poder moverme./ – ¡Corra, corra! -chillaba todo el mundo en la playa. Pero con mi pierna ortopédica anclada firmemente en la arena no podía dar un paso./ De pronto la ola se estrelló a mis pies, empapando mis zapatos e incluso el dobladillo de mi hábito. Al levantar la mirada, vi que una gota diminuta se había depositado sobre mi mano. Era realmente hermosa. Brillaba como un diamante a la luz del sol.  / La belleza de aquella minúscula gota me afectó tan profundamente que me sentí indigna de ella y ante mi propia sorpresa la devolví al océano. / Entonces mi extraña paz se vio interrumpida por la voz del Señor, que me decía: / -Angélica. – Sí, Señor _ respondí. – ¿Has visto esta gota? – Sí, Señor. / – Esa gota es como tus pecados, tus debilidades, tus flaquezas y tus imperfecciones. Y el océano es como mi Misericordia. Si buscaras esa gota, ¿podrías hallarla? / – No, Señor. – En tal caso, ¿por qué sigues buscándola? _me dijo entonces en un susurro.  / Si puedes entregarle a Dios tu culpa, como le entregas tus pecados, estarás curado. / Dios perdona y olvida. / Arroja tu culpa al océano de su misericordia”.

Así, con este conocimiento y reflexión, sólo queda añadir: Perdónate, goza del perdón recibido y enseña a perdonar.  Tu vida será un camino alegre y rico en esperanzas, a la vez que un precioso regalo para quienes te tratan.

Dr. Manuel Álvarez Romero, Médico Internista.

Dr. José Ignacio del Pino Montesinos, Médico Psiquiatra.

SERENIDAD SALUDABLE

31 mar. 2020

ABC (Sevilla)

MANUEL ÁLVAREZ ROMERO

Es preciso disponer de reacciones, recursos y hábitos mantenedores de esa valiosa armonía, a la vez que de correctores para los desfases que lo amenacen

MI amigo Jaime acaba de comunicarme que va hacia urgencias con fundada sospecha de afectación virásica por coronavirus. Estos tiempos de pandemia nos han ido concienciando paulatinamente de la notable vulnerabilidad de nuestra salud. Aunque afectando moderadamente a la población general, en ciertos colectivos la frecuencia resulta muy alarmante y va creando un fondo de escenario lleno de incertidumbre respecto a enfermar con el consiguiente y grave riesgo que esto conlleva. Toda situación de crisis genera miedos y temores que incrementan el estrés personal y generan, con su cascada metabólica alertizante, a base de cortisol, adrenalina, BDNF, etcétera, la reducción de la defensa inmunitaria personal, así como el aumento de la vulnerabilidad para las infecciones, un mayor riesgo cardiorespiratorio y desequilibrio funcional del organismo humano. Por esas y otras razones la serenidad es valiosa fuente de salud y camino hacia la sensatez.

Afirmaron los clásicos griegos que el obrar sigue al ser. Y la conducta sensata sigue al pensamiento sereno. Recordemos ahora a Lucio Anneo Séneca (Córdova, 4 a. C.- Roma, 65 d. C.), con sus reflexiones sobre la felicidad o la sabiduría y más en concreto «De la tranquilitate animi» (53 d.C.), séptimo de sus diálogos.

Casi 20 siglos después, Yerkes y Dodson (1908) formularon la ley que lleva su nombre, y también llamada modelo de la U invertida o de la curva de la serenidad, en la que analizan la relación existente entre la ansiedad y el rendimiento y entre la serenidad frente a la sensatez o la libertad, cuando decidimos y actuamos. Todo un amplio horizonte clarificador de nuestras conductas. Multitud de veces he podido explicar y clarificar, con acierto, a los pacientes ansiosos o en crisis de pánico, la necesidad de intervenir, con las oportunas medidas, en busca de la paz personal y de la sensatez o el equilibrio personal.

Preguntémonos ¿qué hacer cuando un agente estresor, interno o externo, nos sorprenda y desequilibre? ¿Cómo reaccionar cuando un pensamiento rompa nuestra defensa racional y nos induzca hacia una situación de pánico? Ciertamente resulta muy vulnerable nuestro equilibrio mental y personal en el transcurso de nuestro acontecer biográfico. Por consiguiente, es preciso disponer de reacciones, recursos y hábitos mantenedores de esa valiosa armonía, a la vez que de correctores para los desfases que lo amenacen.

Volvamos a la pandemia del coronavirus, que nos envuelve plenamente, en el entorno de este mes de marzo del 2020 y que, sin duda, está generando una notable capacidad adaptativa para el hombre actual, a la vez que despertando una alta cuota de solidaridad para con nuestros semejantes. Estamos poniendo a prueba y con buen resultado la propia resiliencia, esa capacidad de descubrir, acrecentar y disponer de capacidades que desconocíamos en nuestro haber y que, a partir de ahora, podremos capitalizar e invertir en beneficio propio o ajeno. Qué bien refleja todo esto la leyenda que acompaña al artístico reloj de sol de una conocida calle romana: «horas nonnumero nisi serenas» («Sólo cuentan las horas vividas con serenidad»).

Muchos son los textos, audios y vídeos que estamos recibiendo sugiriendo recursos antiestrés, para esta tormenta social que atravesamos. Repasemos algunos:

—Estar ocupados mejor que preocupados y dirigir nuestra atención, imaginación hacia algo externo (pensamiento, sonido, imagen, etc.) evitando así que nos arrastre esa idea obsesiva capaz de anclarse en nuestra mente. Dicho de otro modo: buscar la atención dirigida y sostenida.

—Procurar que el estado de alerta propio del momento no acreciente nuestras sensibilidades, que suelen generar conductas compulsivas o agresivas, propias de la hipersensibilidad y el descontrol personal involuntario.

—Aprender a no dejarse llevar por el pretendido diálogo con nuestra propia mente, dando vueltas una y otra vez a lo mismo, sino tratando de tomar la iniciativa y el gobierno de nuestro pensamiento. Razonar y reflexionar hacen crecer la serenidad.

—Son ya clásicos los ejercicios de relajación, con atención centrada en la respiración, siguiendo el método de Schultz o el de Jacobson, en la meditación trascendental, el entrenamiento autógeno de Luis de Rivera, etc.

—Practicar el emergente «mindfulness», atención o mente plenas, tan en boga hoy, que pretende liberar el propio pensar de apegos y juicios inoportunos.

—El cuidado de la calidad y horas de sueño, el descanso, la comunicación o apertura confiada de aquello que nos preocupa, la prudente información acerca de lo que nos rodea, así como el sentido trascendente y la visión esperanzada son recursos de alto valor en la búsqueda de la serenidad.

Aprovechemos pues, la actual realidad que vivimos, para adquirir el crecimiento personal que nos puede aportar ese tesoro del vivir, antesala de la felicidad, al que llamamos serenidad.

“REFLEXIONES CON LA BATA PUESTA”: UN MAGNÍFICO LIBRO

La obra “Reflexiones con la bata puesta. ¿Sabes cómo piensa tu médico?”, de la que son autores los doctores D. Manuel Álvarez Romero y D. Ignacio del Pino Montesinos, recoge en sus más de doscientas páginas una cuidada selección de una serie de artículos elaborados por los mismos y publicados desde octubre de 2015, con una periodicidad de diez días, en el Boletín del RICOMS, bajo el título genérico de “Salud Mental y Humanismo Médico”.

El contenido de este magnífico libro, basado en la indiscutible solidez de los conocimientos profesionales y humanísticos así como la reconocida experiencia de sus autores, se expone a través de once capítulos, de variada temática, cada uno de ellos conteniendo siete artículos, iniciados con algún refrán o una frase magistral de algún personaje de reconocida valía universal, que se relacionan en cierta forma con el tema expresado en su título, finalizando con un breve epílogo.

El mencionado articulado contempla una materia de claro matiz Psicosomático y Humanista, y de esos artículos, con ánimo puramente indicativo, se pueden señalar algunos que, en todo caso, servirán  para dar una idea de la amplia y variada temática que abarcan, como el enfermar humano, o recetas para el sufrimiento personal, las cinco “R” (razonar, reconocer, respetar, restituir y retomar) que pueden ayudarnos a superar los fallos que irremediablemente cometeremos, o algunos aspectos de la relación médico-paciente (curar, aliviar, consolar y escuchar a la persona enferma), familia y salud mental, la problemática de las exigencias sociales, algunas reflexiones sobre Psicosomática y Humanismo, la actividad creadora, el sentido común y la coherencia personal, el equilibrio entre los avances tecnológicos y la humanización de la medicina en el siglo XXI, la cobardía, el significado de la atención íntegra al paciente, y finalizando la obra, en el capítulo sobre la trascendencia, la felicidad en las crisis o una ayuda frente al duelo y la muerte, entre otros temas.

 Como los propios autores señalan, sin apartarse del carácter científico de la obra han procurado en ella una forma de expresión llena de claridad, en aras al interés divulgativo que se persigue con la misma. Entrelazando, de forma curiosa y elaborada, situaciones de diversa índole de indudable interés y trasfondo médico, con personajes ficticios o reales, junto a reflexiones profundas, consejos útiles, sensatas deducciones y comprensión de situaciones. Aportando posibles soluciones, con frases precisas, que aparecen llenas de certeza y rigor, o con palabras de consuelo y de esperanza, para enfocar la vida positivamente, tratando de superar la ansiedad, el sufrimiento y, en definitiva, las alteraciones anímicas que surgen, con su seria problemática, en el propio devenir existencial del ser humano. Y todo ello, enfocado de forma bien documentada, amena y original.

Sobre el sustrato de un profundo dominio de la materia que se trata, mezcla de Psicosomática y procurar humanizar el día a día, sin perder en Medicina la consideración del sujeto como centro de la actividad sanadora, son abordadas, por los Dres. Álvarez y del Pino, todas esas facetas expuestas, con exquisita capacidad de comunicación, intentando despertar el interés por los diferentes temas que se contemplan. Siempre con esa magnífica aportación orientadora y llena ilusionada esperanza que realizan. Y divulgando, al mismo tiempo, con profundidad de ideas y clara exposición, las problemáticas antropológicas de trasfondo en esa esfera tan esencial del ser humano que es la Psicosomática. En una continua tarea de procurar ayudar a aquellos que se encuentran con dificultades o soportan tensiones, en ocasiones de tremendo impacto emocional, en el devenir existencial cotidiano, y con una pedagógica exposición, para favorecer la difusión de los valiosos conocimientos y experiencia que han ido acumulando en años de fructífero ejercicio profesional.

Vaya mi más efusiva felicitación, por su valiosa y excelente aportación, a los autores de esta extraordinaria obra, que, según reconocen, con infinito y esperanzado ánimo terapéutico, aparte de su idea divulgativa, va dedicada preferentemente, “A los miles de pacientes…que me han conducido a tantas horas de bata blanca, reflexionando sobre ellos,… y en torno a la felicidad y trascendencia de nuestras vidas”, como señala el Dr. Álvarez Romero, o como apunta el Dr. del Pino: “A mis infatigables colegas…y de un modo muy especial, a todas las personas que han aceptado compartir su intimidad en el ámbito de la consulta profesional, con la esperanza de haberles podido servir de ayuda…”.

En definitiva, “Reflexiones con la bata puesta”, obra modélica y original sobre Psicosomática y Humanismo, no cabe la menor duda de que es un magnífico libro,  científico, documentado, interesante, ameno y divulgativo a un tiempo, que será de extraordinaria utilidad para orientar y llenar de ilusionada esperanza el devenir existencial cotidiano de sus lectores.  

Dr. Epifanio Lupión Cruz

Doctor en Medicina y en Derecho. Director General de Historia del Real e Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Sevilla.

La psiquiatría de las personas

«El desconocimiento del “enfermo mental” procede de una excesiva diferenciación de las personas y de los valores en una sociedad. Es muy posible que en una sociedad presente o futura en donde no hubiese bastante libertad y consideración hacia los valores espirituales propios a cada individuo, el “enfermo mental” sería, como ya lo fue, olvidado y oprimido.»

Henri EY (1900-1977)

     El título del presente artículo ha sido el tema que abría —y se mantendría en los tres días de trabajo— el XXII Congreso Nacional de Psiquiatría, celebrado en Bilbao del 26 al 28 de septiembre de 2019.

          Hemos podido constatarlo con toda claridad y se ha hecho presente con interesantes conferencias, mesas redondas, simposios, encuentros con el experto y pósteres desarrollados sobre la base de cinco líneas simultáneas que dieron gran dinamismo al amplio complejo palacio de Euskalduna.

          Desde todas las facetas de la teoría y la práctica psiquiátricas se ha desarrollado ese quien que es el paciente, así como las exigencias que su dignidad como persona exige a la hora de recibirle, observarle, escucharle, entenderle, instruirle y respaldarle en el intento de recuperar su quebrantada salud.

          Una pregunta caló el pensar de los participantes: ¿Está en crisis la psiquiatría? Abundaron los comentarios de pasillo y muy interesante resultó la Mesa integrada por los Profesores Jerónimo Saiz Ruiz, Marina Díaz Marsá y Guillermo Lahera Forteza que versó sobre este tema. Con claro resalte de los progresos vividos hubo que considerar, también, las divisiones y el estancamiento en resultados pese a la enorme investigación llevada a cabo. Pros y contras a la respuesta afirmativa para la crisis y claras líneas de avance a proseguir en los años venideros.

          Un dato de gran interés resulta ser el elevado número de jóvenes psiquiatras asistentes. Y quizá igualmente significativo podría ser la clara prevalencia de mujeres participantes, tanto en ponentes y en autores de pósteres como de asistentes en general.

          La Relación persona-medioambiente ocupó un buen espacio en exposiciones, trabajos e investigaciones. La Epigenética está en alza y el cuidado a tener en la valoración y manejo del entorno, hábitos y conductas parece necesario en ese cuidado de la salud mental y general de la persona, tal como señalábamos al principio.

          La Medicina Psicosomática estuvo presente en diversos foros: recursos psicosomáticos ante el dolor y el sufrimiento, correlaciones psico-neuroinmunológicas, programa Cibersam de Trastornos psicosomáticos en ansiedad y control de los impulsos. La Psiquiatría Psicosomática resultó relevante en las intervenciones de los Dres. Ignacio Gómez-Reino Rodríguez, Antonio Lobo Satué, Gracia Lasheras Pérez y Amanda Rodríguez Urrutia.

          En torno a la Infancia, biografía y enfermedad mental destacaremos la interesante exposición  de la Profª. Lourdes Fañanás Saura.

          La Perspectiva ética fue desarrollada con las ponencias de los Dres. Manuel Martín Carrasco (elegido Vicepresidente de la S.E.P.), Manuel Bousoño García y Manuel Sánchez Pérez en temas tan importantes como el secreto médico, la contención física de los pacientes o la consideración histórica del Homo Ethicus.

          Ya el psiquiatra Henri Ey, quien consideraba la patología mental como la patología de la libertad, adelantaba lúcidamente que la Persona es un:

        «…sujeto capaz de resolver los problemas de la existencia conforme a su propia concepción del Mundo. Y por problema no es preciso entender sólo los “intelectuales”, que exigen una solución operacional lógica según los valores de objetividad o de verdad, sino también los denominados morales o situacionales, los cuales exigen una solución afectiva en función de los valores intersubjetivos de la coexistencia con los otros.»

          En efecto, la Psiquiatría de las personas es un lema digno de ser mantenido para que en circunstancias actuales como la hipertecnificación, la hipervaloración farmacológica —que, paradójicamente, va en detrimento de su innegable utilidad— o la complejidad de clasificaciones nosológicas no nos desvíen del que debe ser, es y será esencial objetivo de nuestros quehaceres terapéuticos: la persona enferma.

. Dr. Manuel Álvarez Romero, Médico Internista

Dr. José Ignacio del Pino Montesinos, Médico Psiquiatra

De textos, contextos y pretextos

«Si bien, desde un punto de vista puramente físico, toda alteración de la salud puede considerarse anormal, no por ello se debe decir que todo decaimiento físico causado por conflictos y tensiones emocionales es necesariamente anormal»

Donald W. WINNICOTT (1896-1971)

Winnicot, el autor de la perspicaz frase, fue un médico inglés voluntario en la Royal Navy durante la Primera Guerra Mundial y que en la Segunda Guerra Mundial, ya como pediatra, trabajó con los niños evacuados de Londres y los problemas derivados de una separación familiar obligada. Llegó a ser también un reconocido psiquiatra y psicoanalista que, inmerso en un conflicto entre las escuelas y los seguidores de Melanie Klein y Anna Freud, supo crear un tercer grupo intermedio, sin desairarlas y tomando lo mejor de cada una. Suyos son conceptos teóricos tan importantes para la Psicoterapia como el espacio y los objetos transicionales, la diferencia entre el self verdadero y el pseudoself o la “madresuficientemente buena, que frustra y consuela al hijo en la medida justa para no generarle abandono ni dependencia.

          Era un verdadero experto en la relación maternofilial y, a este respecto, resulta curioso conocer un detalle paradójico de su vida y de la de las dos grandes autoras citadas, ambas especialistas en problemas infantiles. Ni Anna Freud (que para su epitafio quería la frase: «Pasó su  vida con niños») ni tampoco el propio Winnicott tuvieron hijos; y aunque Klein (una de las autoras que más grandes contribuciones ha proporcionado a la metapsicología psicoanalítica infantil) sí los tuvo, cuando falleció llevaba unos diez años sin hablar con su hija Melitta, la cual el día de la muerte de su madre decidió impartir una conferencia calzándose unas botas de color rojo brillante.

          Ítem más, si en una cárcel oímos: «Los presos deben tener más derechos y privilegios», no es lo mismo que lo haya dicho un interno en una celda de castigo, un guarda mientras desayunaba con los compañeros o el mismísimo director de la prisión en su discurso de toma de posesión del cargo.

 Para entender el sentido correcto de algo se necesita conocer también las circunstancias relacionadas. Es decir, quién dijo qué, por qué, para qué, cuándo y dónde. Si se extrapola un mensaje privándole del contexto es más fácil malinterpretarlo y utilizarlo en sentido distinto de la intención original que lo motivó. De ahí que: “Un texto sin contexto es un simple pretexto”. Para que la comunicación sea exitosa no basta con que el emisor la realice correctamente, que el canal empleado sea el conveniente y esté libre de interferencias, sino que el receptor debe poseer las claves imprescindibles para descifrarlo, logrando así su adecuada interpretación.

¿Y esto tiene algo que ver con la profesión que nos toca desempeñar? Sí; cualquiera —en la tarea cotidiana que le ocupe— que quiera ser reconocido como fuente de autoridad y que sus mensajes sean tenidos por válidos, debe cuidar el más importante de los contextos: la persona y sus relaciones.

          Es preciso favorecer que el paciente acuda con confianza y tranquilidad, sin tener que pensar en cómo estará hoy su médico. Para eso debemos mantener un discurso, una imagen y una actitud estables en el tiempo. Si al paciente le preocupa cómo va a encontrar al profesional que le atiende, aumenta su desasosiego y es incapaz de confiar en él, porque la angustia acrecentada le impide prestar la atención imprescindible para una sana comunicación. Esto es, lo deseable es que la persona posea cotidianamente el mismo carácter (afable a ser posible), sin cambios extemporáneos de imagen (vestimenta, peinado, etc.) y, mucho menos, de actitud. Y aquí queremos enfatizar que no se trata de que el estilo sea idéntico en todos, sino que cada profesional mantenga el suyo propio. Lo conocido transmite calma, seguridad; lo desconocido genera ansiedad y las rarezas intempestivas en personas o situaciones familiares resultan —como bien definió Sigmund Freudsiniestras. No podemos exigirnos ser perfectos, acertar siempre, ni siquiera tener hijos para ser grandes pediatras, pero sí —al menos—congruencia personal y claridad en las relaciones. Es preferible equivocarse sensatamente y aprender del error, antes que acertar por casualidad, creer que ya sabemos cómo hacerlo y desde entonces actuar erradamente.

Seguro que han adivinado la cualidad vital que subyace en esta reflexión y a la que todos, sin excepción, debemos aspirar: la coherencia.

Dr. Manuel Álvarez Romero, Médico Internista.

Dr. José Ignacio del Pino Montesinos, Médico Psiquiatra.

Dolor y sufrimiento ¿por qué?¿para qué?

Artículo publicado en ABC Sevilla Tribuna abierta el 11 de julio de 2019

“El sufrimiento útil hace crecer a la persona que lo padece”

            Suele afirmarse que el Dolor y el Sufrimiento son constantes en nuestro vivir y que hacen de sombra capaz de realzar los tonos claros de nuestro día a día.  La milenaria experiencia del hombre evidencia que ambas vivencias son inevitables a lo largo de una vida vivida.

            La Asociación Internacional para el estudio del Dolor lo definió como una experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada a una lesión tisular, real o potencial.  Distinguiremos varios tipos: Dolor nociceptivo u ordinario que sirve de alarma o defensa ante una amenaza o riesgo para la propia salud (cólico, apendicitis, tumor, golpe, caries dental, etc.). Dolor neuropático, que tiende a la cronicidad y es consecuente a una lesión de las fibras que integran una estructura nerviosa cuando es afectada, estirada o comprimida en una agresión, traumatismo, cirugía o proceso tumoral.  Suele necesitar medicación, fisioterapia y psicoterapia. El Dolor psicógeno conlleva un alto componente emocional y afectivo y se acompaña de ansiedad, depresión e insomnio.

            Algo distinto es El Sufrimiento, una vivencia negativa y molesta de tipo psicológico y moral, sin experiencia sensorial primaria y con asiento cognitivo y emocional.  El Sufrimiento útil hace crecer a la persona que lo padece, el Sufrimiento inútil, por el contrario, queda como autoelaborado y fruto de una reacción mal elaborada.  Viene a depender, en gran medida, del acierto y oportunidad de la propia respuesta.

            Resulta clásica la descripción de los factores que elevan el umbral de sensibilidad para el dolor, es decir que dificultan su instalación.  Tal sucede con la serenidad y la paz, con la escucha y la comprensión, con los analgésicos, ansiolíticos o antidepresivos porque su correcta utilización reduce o elimina el dolor.  Y lo opuesto sucede con sus contrarios pues son capaces de hacernos más vulnerables al dolor y al sufrimiento. El objetivo ante el paciente con dolor y sufrimiento ha de ser anular o disminuir  el dolor e iluminar su sentido, mejorar la funcionalidad y calidad de vida y evitar la ansiedad, el insomnio o la depresión. Dolor y Sufrimiento aunarse, ahogando el vivir en una mutua espiral doliente que merma la vida y rebosa en padecimientos.  Somos cuerpo y mente, integrados en una única realidad personal, en la que radica esta doble experiencia y en la que se juega y debate el conflicto que nos alcanza.  Así   se gesta nuestra personal Dolencia, que así llamamos a esa enfermedad ya instalada en la persona que somos y con su peculiar estructura y dinamismo.

            En estas situaciones, la primera actitud a recomendar es la apertura.  Bien lo expresa Shakespeare al afirmar: “Se debe dejar que hable el dolor, porque la pena que no habla, gime en el corazón hasta que lo rompe”. Compartir supone alivio y camino hacia el remedio.

            Una segunda estrategia recomendable es la aceptación de la realidad que nos toca vivir, descartando rebeldías y adoptando actitudes y conductas positivas que conduzcan, a la resolución del problema. Orientación, escucha, recursos médicos, apoyo espiritual o trascendente, son todos ellos recursos de alta eficacia en la atención de quien vive en el dolor o el sufrimiento.

            Importante factor moderador o resolutivo del Sufrimiento es la dotación de sentido, la búsqueda y encuentro de posibles razones, en el orden humano o trascendente, capaces de aportar un porqué con luz explicativa a esa concreta situación crítica que nos esté tocando vivir.  Es la “voluntad de sentido” que empapa toda la antropología y la psicoterapia de Víctor Frankl, el destacado psicoanalista judío y vienés que hubo de afrontar el  cautiverio nazi en Auschwitz, lugar en el que perdió a su esposa.  Cuánto se aprende en su obra “El hombre en busca de sentido”.  Buena parte de su mensaje queda glosado en la certera afirmación “la puerta de la felicidad se abre hacia fuera”.

            Seguramente,  hemos acudido alguna vez a una Unidad para el tratamiento del dolor, con grato recuerdo por el alivio experimentado.  Pues en semejanza podemos pensar en la creación de Unidades de atención al sufrimiento humano.  Quizá nos sorprenda la idea, pero a la vez comprenderemos su necesidad ya que son más las personas afectadas por el sufrimiento que por el dolor. ¡Cuánto recrece y madura el sufrimiento útil! Y cuánta infelicidad depara el que no lo es, el que carece o escasea en su sentido y en su aceptación.

            Otro horizonte, aún más amplio y brillante es el que aporta una visión trascendente de la vida, una dimensión vertical que depara paz, luz, felicidad y pleno sentido del propio vivir.  Así lo he reafirmado hace pocos días con la lectura de lo descrito por el Dr. Joaquín Navarro-Valls respecto a S. Juan Pablo II, cuando en circunstancias muy dolorosas, el Neurólogo le preguntó “Santo Padre ¿cómo vive usted esta situación”.  La pregunta aspiraba a conocer la impresión física  la respuesta fue: “y yo me pregunto ¿qué es lo que Dios quiere decirme con esto…?” alcanzando así la raíz del significado humano, donde la enfermedad puede encontrar una respuesta sobre su sentido fundamental y definitivo.

Dr. Manuel Álvarez Romero

Presidente de La Sociedad Andaluza de Medicina Psicosomática

La salud y el amor

Interesante ciclo el organizado por las Direcciones Generales de Cultura y Salud Mental de nuestra corporación Médica sevillana en el año 2019.  Y si en el año anterior se ocupó de recordar a maestros en salud mental, en este nos lleva a profundizar en importantes sectores de la vida personal.

¿Tienen que ver la salud y el amor?  ¿Repercuten las subidas o bajadas en la calidad de uno de ellos sobre cómo vivimos el otro? Interesante materia con sus elucubraciones teóricas y sus orientaciones pragmáticas.

Nos disponemos hoy a revisar algunas perspectivas de este  binomio, capaces de proveernos de una mejor salud o de un amor más tierno y fervoroso.  Y tal, que acompañado de esa dimensión que  tanto se valora hoy en día, alcancemos la famosa calidad de vida.

De seguro contamos con clara experiencia en que una buena salud facilita el amor, así como la falta de salud puede reducir la calidad de nuestro amor.  Esto es precisamente lo que sucede en la enfermedad depresiva, en trastornos de la personalidad como el esquizoide (o frio), el narcisista o el explosivo/impulsivo.

Más claro y familiar nos resulta la influencia del amor que profesamos en la salud que mantenemos.  Son los vaivenes del amor y el desamor capaces de generar mal de amores, estados estresantes o desesperanzados que suelen abocar en reducción de las defensas inmunológicas, desequilibrios endocrinológicos, somatizaciones, desórdenes alimentarios y otros muchos problemas de salud.

Afortunadamente el buen amor es fuente de salud.  La armonía convivencial que propicia el amor es indudable fuente de salud y felicidad, de gozo duradero y bienestar persistente.

Es muy de agradecer que nos faciliten estas tareas propias del mundo del amor.  Todos hemos sido constituidos para bien amar y para sentirnos amados.  ¡Cuánto se agradecen las muestras de cariño que expresan el amor! y que papel más importante juega la ternura que damos o recibimos en todas y cada una de las etapas de nuestras vidas.

Cuando se dice que el amor siempre encuentra recursos es algo así como lograr ayuda y servir a los demás aprendiendo a vivirlo con las pupilas que dilata el amor, ese amor que ponemos y vivimos.  ¡Qué gran juego ese del amor y cuan beneficioso resulta de ordinario ya que el amor que vivimos  recrece al amor que sembramos, generando un círculo virtuoso y creciente que mantiene el feed-back positivo de la relación amorosa.

Todo lo citado adquiere refuerzo al recordar aquel magnífico libro de C.S. Lewis Los cuatro amores que son afecto, amor de amistad, amor posesivo y amor de donación.  Bien gozoso resulta el pasear, con cabeza y corazón, por ese amplio, feliz y deseado jardín de los amores.  ¡Y cuánto nos queda  por aprender y enseñar en nuestras vidas!  Sería una pena dejar de dar fruto o de recoger la merecida cosecha del amor por ignorancia,  inadvertencia o rutina.

El médico, al igual que los psicólogos u otros profesionales de la salud, tenemos aquí un inapreciable y enorme campo de ayuda y una valiosa mina capaz de acrecentar los propios recursos saludables en la escuela del amor.  No podemos olvidarlo al mirarnos en el espejo o al atender a nuestros pacientes, porque revalorizará nuestro servicio y cuidado al que estamos vocacionalmente llamados a vivir en nuestro día a día.  Y bien merece la pena.  Seguro que contamos con ricas y expresivas experiencias personales y ajenas, pues el amor es como el aire limpio, lo exige nuestro vivir.

Dr. Manuel Álvarez Romero, Médico Internista.

Dr. José Ignacio del Pino Montesinos, Médico Psiquiatra

Homenaje al Dr. Manuel Álvarez Romero

 

El pasado miércoles 13 de febrero de 2019, la Sociedad Andaluza de Medicina Psicosomática (SAMP) celebraba en el Real e ilustre Colegio Oficial de Médicos de Sevilla, un Homenaje al Dr. Manuel Álvarez Romero, Fundador y Presidente de dicha Sociedad, por su amplia y profunda dedicación a la Psicosomática andaluza, nacional e internacional.

El acto fue inaugurado por el Presidente del Colegio Oficial de Médicos de Sevilla, D. Alfonso Carmona, y conducido por D. Ubaldo Buitrago, locutor de radio y buen amigo del Dr. Álvarez.

A continuación, el Dr. Fernando Martínez Pintor, reumatólogo barcelonés y vicepresidente de la Sociedad Española de Medicina Psicosomática, presentó la Conferencia titulada “Recuerdos de mi maestro Rof Carballo” a cargo del Dr. Francisco Martínez López, internista madrileño, discípulo de Rof Carballo y autor de un libro sobre la obra del “padre de la Psicosomática española”. En esta intervención enfatizó la necesidad de “entender y aplicar” el paradigma y la esencia de la Psicosomática en sus múltiples frentes y campos de aplicación.

El acto continuó con las emotivas intervenciones de profesionales y amigos del Dr.Álvarez Romero, entre ellos, el Dr. José Ignacio del Pino Montesinos, psiquiatría y vicepresidente de la SAMP, glosó las tareas del homenajeado y leyó textos de adhesión llegados de Nueva York (Dr. Trujillo), Zaragoza (Dr. Lobo), Almería (Dres. Fernando Jiménez y Concepción Barceló) y Madrid (Dres. Ramírez Parrondo y García-Camba).

El Dr. Ricardo Campos Rodenas (Presidente de la Sociedad Española de Medicina Psicosomática) enfatizo el legado Psicosomático y las aportaciones hechas a esta sociedad antes, durante y después de su presidencia, por parte del Dr. Álvarez. Prosiguió el Prof. José Manuel González Infante en representación de la Real Academia de Medicina de Cádiz, de la cual el Dr. Álvarez es Académico Correspondiente de Mérito. El Dr. Jaime Rodríguez Sacristán como representante de la Real Academia de Medicina de Sevilla, el Dr. Francisco Javier Cano, en representación de la Facultad de Psicología de Sevilla, con la cual el Dr. Álvarez mantiene una colaboración de larga trayectoria en la formación del alumnado de prácticas y la edición de seminarios y cursos. Prosiguieron experiencias y agradecimientos al Dr. Álvarez, de la mano de   Dña. Mariola Jiménez, administradora del Centro Médico Psicosomático) y D. Antonio García de Castro, director general del Instituto Internacional San Telmo – Business School, que resaltó la colaboración del homenajeado.

Para finalizar, el Dr. Chiozza, socio de honor de la SAMP y director de la Fundación Luis Chiozza de Buenos Aires, compartió su agrado por formar parte del acto y animó a los presentes a seguir los pasos del Dr. Álvarez en su valiosa labor psicosomática.

El broche final vino de la mano del homenajeado, al cual se le hizo entrega de una placa conmemorativa por su trayectoria personal y profesional. Además, pudo agradecer a todos los asistentes, participantes y organizadores este cariñoso y entrañable acto en el que participaron cerca de trecientas personas.

 

Estrella Mesa Masa y Esther Rodríguez Díaz

Psicólogas del Centro Médico Psicosomático