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Las redes sociales: un arma de doble filo

La era tecnológica 2.0.

“Tengo miedo del día en que la tecnología sobrepase la interacción humana, entonces el mundo tendrá una generación de idiotas”. Éstas son palabras de Albert Einstein ante las cuales puede haber disparidad de opiniones, pero lo que no se puede negar es la gran evolución a nivel tecnológico que hemos experimentado.

Es cierto que a lo largo de la historia nos hemos ido adaptando a muchos cambios, de forma que el hombre ha evolucionado y mejorado con el paso del tiempo.

Dentro de estas mejoras han aparecido los ordenadores, teléfonos inteligentes, tablets… infinidad de aparatos de última generación que nos permiten día a día permanecer conectados al mundo, y gracias a ello, nos han abierto las puertas a millones de relaciones sociales.

La tecnología se ha convertido, por tanto, en una herramienta que satisface las necesidades del hombre, tanto de conocimiento, inmediatez, así como de relación.  De ahí que existan las redes sociales, que nos permiten estar conectados las 24 horas del día a la última información, así como contactar con nuestro círculo de amigos y familiares.  Las redes sociales son una parte fundamental de nuestra vida y han pasado a ser el terreno donde se desenvuelven la mayoría de las relaciones. ¿Tienes Twitter, Facebook, WhatsApp…? Si tu respuesta es sí, podemos decir que estás integrado plenamente en la era tecnológica… Sin lugar a dudas, uno de los temas candentes de hoy en día.

¿Qué aportan las Redes Sociales?

Estas redes sociales han proporcionado un gran paso a nivel personal y social, pero… ¿Alguien ha reparado en los perjuicios que tienen? Sí, has leído bien. Hablo de perjuicios, de inconvenientes y de daños que puedan llegar a producirnos dependiendo del uso que le demos y del papel que desempeñen en nuestra vida. Son canales de información en los que nos exponemos a todo el mundo… Una pequeña venta de acceso a nuestra vida.

Recuerdo cuando existían las identidades virtuales, esas que te permitían permanecer oculto tras un nick en un chat. Pero ahora todo eso ha cambiado, ahora la identidad virtual y la real se han acercado tanto que casi no somos capaces de distinguirlas. Nos mostramos al público sin caretas y sin miedos a expresar lo que queramos, hasta experimentamos que nuestra intimidad queda muchas veces violada. Todo el mundo opina, todo el mundo puede hacer juicios de valor acerca de tu propia vida e incluso, muchas veces, hacemos publicaciones para recibir el beneplácito de los demás. ¿Qué imagen estoy dando de mí?

La verdadera cara de la Red Social.

Pero, no nos centremos únicamente en las redes sociales anteriores, preguntémonos cómo puede afectarnos el uso del WhatsApp. ¿Cuántas veces has vuelto a leer un mensaje que ya habías leído al recibirlo?, ¿le encontraste un sentido distinto al inicial?, ¿es posible que un mensaje tenga un doble sentido? Si nos dicen “no” es no, ¿por qué intentamos buscarle los mil significados a dos letras que simplemente quieren decir “NO”? ¿Por qué nos sentimos inseguros cuando vemos que alguien no nos responde o incluso está en línea, lee nuestro mensaje y no responde? Tenemos ante nosotros a la Red Social más controladora que pueda existir. Nos avisa de si la otra persona ha recibido el mensaje o no, de la hora a la que lo ha recibido y a la que por última vez se conectó. Este hecho nos hace partícipes de la vida de los demás y nos aporta información sobre la vida del otro. Lo que no nos damos cuenta es de la dependencia tan grande que hemos desarrollado en este último tiempo con respecto a estas aplicaciones. ¿Quién es capaz de guardar el móvil durante una cena y no mirar ni uno solo de los mensajes que ha recibido? ¿No te ha pasado alguna vez que has estado con alguien y has sentido que prestaba más atención al móvil que a ti mismo?

Es muy cierto que los avances tecnológicos son importantes y nos aportan muchísima evolución. Pero debemos recordar que en las redes sociales no existen las entonaciones, que carece de la parte fundamental del lenguaje no verbal que nos ayuda a descifrar emociones, sentimientos, a través de las expresiones faciales o movimientos corporales…y, finalmente, que una vez que apretamos el botón “enviar”, nada nos pertenece.

Depende de nosotros, y de nuestra actitud hacia éstas, lo que determine si es beneficioso o no el uso de las redes sociales. Ser conscientes, por tanto, de que un uso excesivo y descontrolado de las mismas puede influir de una forma negativa en nuestras vidas, creando una rutina patológica en el uso de éstas.  La pérdida de control, una interferencia grave en la vida diaria de una persona, así como una dependencia constante son alguno de los síntomas que identifican a las personas, que han pasado de ser usuarios frecuentes de las redes sociales, a adictos de las mismas.

Las redes sociales y la estabilidad de la pareja.

Si las redes sociales influyen en relaciones como la amistad o la identidad de la propia persona ¿cómo no va a influir en los matrimonios y noviazgos? Éstas han dado lugar a múltiples conflictos por celos, desconfianza, falta de comunicación, así como posibles infidelidades vía internet.  Si tenemos en cuenta que existen muchas relaciones con problemas de entendimiento, el uso de redes sociales se convierte en el chivo expiatorio que termina por romperlas. No con ello afirmo que el uso de redes sociales sea el causante de las rupturas, sino que puede llegar a convertirse en una de las causas que propicie el fin de una relación, ya que como he citado anteriormente, no son las redes sociales un enemigo del hombre, sino que es el uso éstas lo que condiciona el desarrollo de nuestra vida.

En muchas ocasiones no son más que malos entendidos que fácilmente podrían aclararse conversando sobre lo que cada uno considera que debe quedarse en la intimidad de la relación o puede ser público. En otras ocasiones no se queda en eso, sino que evoluciona hasta instalar la desconfianza entre ambos, y dado que nada tiene un significado exacto (ya que depende de la entonación e importancia que le dé la persona que lo lee) nosotros mismos empezamos a darle significado a todo lo que dice o hace el otro, dando paso a un distanciamiento en la pareja. En definitiva, es como un círculo vicioso. No se aclara lo que debería quedarse en la privacidad, no hay sinceridad el uno con el otro, se instala la desconfianza, en lugar de preguntar al otro, se “expían” los movimientos en las redes sociales, y así sigue el circulo hasta que la relación no tiene nada que la sustente y tiene a fracasar.

Pero no todo está perdido. Existe algo que puede ayudarnos con este desasosiego que en muchas ocasiones tenemos… La racionalidad y el uso adecuado de las Redes Sociales nos pueden permitir llevar una relación estable, forjada en la comprensión, el respeto y la confianza. Al fin y al cabo, no es más que aplicar a la vida digital el sentido común que, se presupone, tenemos en nuestra vida diaria. Dedica tiempo, de forma equitativa, a tu trabajo o estudios, a tu matrimonio o noviazgo, al ocio, a las relaciones sociales… y no permitas que al finalizar el día hayas gastado la mayor parte del tiempo mirando una pantalla. Mira a la cara, abraza y disfruta con el otro. Déjate sorprender por lo que cada persona te pueda aportar, y crece personalmente buscando ser siempre mejor persona.

Estrella Mesa Masa

Psicóloga sanitaria (AN-08491)

Perfección y Perfeccionismo

Descarga el PDF Perfección y Perfeccionismo: Cuando el exceso conduce desde la virtud a la patología

Resumen

Hacer bien lo que hay que hacer, esforzarse en ello, gozarse en el logro, complacer a quienes nos rodean y disfrutarlo, servirse de nuestra vida y obras para alcanzar la felicidad y convertir en gustosa aventura nuestra travesía biográfica es algo que –consciente o incoscientemente- pretendemos siempre.

Pero en este proceso se entremezclan factores biológicos, psicológicos, actitudes, entornos educativos, sociales, y la libertad personal que se va forjando y manifestando con el tiempo.

Todos estos elementos se combinan en círculos de retroalimentación o feed-back que enriquecen el vivir de la persona.

Uno de los defectos o trastornos más significativos, incluido entre las alteraciones y los trastornos de la Personalidad es el Perfeccionismo. Conocido, también como “Síndrome del Perfeccionista”, o “Trastorno Anancástico de la Personalidad”.

Es propio del hombre querer prosperar; aproximarse a la endaimonía: La vida buena, orientada por la ética, camino de perfección, pues señalará los criterios para alcanzar la felicidad.

Con perfección aludimos a un quehacer excelente considerando el enfoque de la eficiencia: Hacer algo bien junto a su coste. Lo mejor es enemigo de bueno; bueno es relativo, y perfección un entrelazamiento de lo técnico y estético, lo material y espiritual que vive el hombre.

La perfección es más bien el camino que la meta. Es saber a donde vamos y acercarnos en y desde la felicidad. Ahí está la felicidad, en el camino cuando se siguen los dictados de la ley moral natural, del “folleto explicativo” que cada uno llevamos consigo y sobre sí mismos.

1.Introducción

Son muchos los avances que ha ido logrando la Medicina debido a la proliferación de diversas Ciencias y Técnicas, ofreciendo medios que facilitan el conocimiento de la persona humana y de la salud, y, paralelamente, de la enfermedad.

La enfermedad es en sí un mal, una deficiencia, jamás algo bueno, a menos que se le considere como la oportunidad de conseguir la salud del paciente, o la ocasión de investigar el modo de eliminar ese daño (psíquico o somático) procurando usar los medios con que cuenta la Medicina o los que se puedan adquirir precisamente mediante la investigación, como ya dijimos. Pero ha de quedar claro ante todo que lo más importante, en la salud y en la enfermedad, es la persona humana (sana o enferma, cabal o incompleta), y en un segundo lugar la Medicina y sus operaciones. De esta manera no hay modo de confundirse: el hombre es el fin u objetivo y los medios son la Medicina, auxiliada por otras ciencias, y la técnica aplicada. Jamás ha de considerarse al hombre, a la persona humana, como un medio. No se le debe instrumentalizar nunca.

Pues, bien, hay que decir que cuando un ser humano viene al mundo, llega para disfrutar o gozar de todo lo bueno que éste puede ofrecerle…, desde el aire que respira hasta la golosina de su preferencia, o el arte en cualquiera de sus manifestaciones. Ninguno venimos a este mundo con una especie de “garantía” del 100% (cero errores o defectos). Y, además, no se puede olvidar que quien primero ha de esforzarse por ser o llegar a ser un mejor hombre/mujer, es el propio individuo, no obstante, que cuente o disponga de multitud de instrumentos o medios que para ello le ofrece la sociedad en que nace y se desarrolla.

El hombre es, por naturaleza, perfectible, superable, en sí mismo y desde sí mismo. Cuenta así con una naturaleza misma, que le marca unos límites por arriba y por abajo, junto a una gama de posibilidades, condiciones, circunstancias y oportunidades, que, en función de su propia libertad y dominio, puede usar tanto para bien o mejoría personal, como para un decaimiento o daño.

2. La perspectiva psicosomática

El ser humano no es sólo materia o cuerpo (soma), ni tampoco solamente espíritu (psique), sino que ambos elementos lo constituyen esencialmente, de forma que, faltando uno de los dos, ya no hay un hombre ahí, sino otra cosa, más o menos parecida. Es suficientemente conocido que hay acciones corporales o sucesos somáticos que afectan en mayor o menor medida la psique humana, y viceversa.

Baste un ejemplo entre miles que se dan a diario: una noticia, no es solamente una serie de imágenes recogidas por los ojos y de sonidos percibidos por los oídos, sino que, “curiosamente”, eso, que es algo material, puede provocar, además de ideas y conocimientos, unas emociones o sentimientos que, conjugados, pueden ser causa de la ira, la compasión, la risa, la venganza o el suicidio, e incluso el desprecio hacia otro ser humano o hacía sí mismo.

Hacer bien lo que hay que hacer, esforzarse en ello, gozarse en el logro, complacer a quienes nos rodean y disfrutarlo, servirse de nuestra vida y obras para alcanzar la felicidad y convertir en gustosa aventura nuestra travesía biográfica, es algo que –consciente o incoscientemente- pretendemos siempre.

Pero en este proceso se entremezclan factores biológicos, psicológicos, actitudes, entornos educativos, sociales, y la libertad personal que se va forjando y manifestando con el tiempo. Todos estos elementos se combinan en círculos de retroalimentación o feed-back que enriquecen el vivir de la persona. Por esta razón, resulta de gran utilidad la consideración del Paradigma psicosomático, el enfocar la normalidad o la patología en torno a la perfección y al perfeccionismo. El desglose, aún conociendo su artificiosidad, de los ámbitos Bio-Psico-Socio-Eco-Espiritual nos aportará claridad y riqueza.

3. De la perfección al perfeccionismo

En la búsqueda y/o consecución de lo mejor de sí mismo, cabe la posibilidad de quedarse corto, o por el contrario, sobrepasarse. Un figura ovoide o un cuadrado jamás son igual a un círculo, por mucho que puedan parecerse. Uno de esos riesgos de no lograr “lo mejor” para cada quien, ya no es solamente la mediocridad o el “desecho humano”, sino “el perfeccionismo”. Es ese afán natural de ser mejor (con o sin comparación con los demás), ya que lo natural del ser humano no es sobrevivir, en condiciones normales, por así decir, sino más bien ser dueño de sí mismo e igualmente dominar o someter (intelectual y/o físicamente lo que le rodea, su habitat).

En ese modo de “querer ser perfecto” o “la perfección de las cosas”, tenemos como denominador común la perfección. Ello es algo bueno en sí, incluso mejor que lo contrario: el conformismo, la medianía, lo defectuoso o imperfecto, lo feo, lo malo, etc. De aquí, en parte, que la persona a la que llamamos “perfeccionista”, se sienta más atraída por lo simétrico, el equilibrio, la proporción, la armonía, la proporción, la simetría, etc. de las cosas, en las que aparecen de fondo destellos de la verdad, la justicia, la belleza, el bien y otros valores. Y esto, en parte, es igualmente aplicable para sí mismo, es decir, para la propia persona, y luego, casi de modo necesario o como un reflejo, a los demás.

4. El Perfeccionismo como síndrome

Un ingrediente importante en las manifestaciones de quién exagera en la búsqueda de la perfección, es la insatisfacción, casi siempre “falta” algo o “sobra” algo…, eso o aquello “podría” o “debería” mejorarse: tanto en las cosas como en las personas, en mí (y por mí) o en los demás, por sí o por otros.

Otra cosa que no debe pasarse por alto, es que el “síndrome del Perfeccionista”, siendo algo que se puede aprender, sobre todo es algo íntimo de la persona, es algo de base genética, que en pocos o muchos años acabará por salir a flote, y casi siempre no de manera total sino parcialmente, influyendo en esto el propio temperamento, la educación, el ambiente social, preferencias, traumas, defraudaciones, experiencias o vivencias positivas y negativas que dejan huella, una autoestima baja, por lo general, y comúnmente, tener o marcarse unas metas altas en sus actuaciones privadas o en el orden público.

Hay una serie de elementos que pueden potenciar o disparar, según el caso, esa actitud perfeccionista que, a fin de cuentas, puede conocerse y ser “controlada” por el mismo afectado (enfermo), pero que no le abandonará, posiblemente nunca, y que es como la sombra que acompaña a todas partes, esa que todo cuerpo proyecta cuando es iluminado, más pequeña o más grande según la intensidad de la luz y el ángulo desde el que es enfocado…

5. Perfeccionismo versus Anancasticismo

Uno de los defectos o trastornos más significativos, incluido entre las alteraciones y los trastornos de la Personalidad, es el Perfeccionismo. Conocido también como “Síndrome del Perfeccionista” o “Trastorno Anancástico de la Personalidad”.

¿En qué consiste ser “perfeccionista” o anancástico?: es la persona virtuosa imperativamente, pero a la cual le flaquean el buen uso o dominio de su voluntad y su libertad (lo que no significa que no le cueste conseguir la virtud, o que, de manera infalible, se quiebre su voluntad, ni que carezca de libertad, sino es más bien su mal manejo). Es, a fin de cuentas, un defecto de la personalidad, un trastorno que se da a conocer muy poco; y la edad más propicia para que estos rasgos se presenten es de los 4 a los 7 años, que es cuando los niños poseen la mejor sensibilidad en su desarrollo psicológico evolutivo.

Otro ingrediente o elemento a tomar en cuenta para conocer o reconocer al perfeccionista, está en que toma la perfección más como camino, como una meta. Una cosa es andar por el camino de la perfección y otro diferente es ir en busca de la perfección. El camino a la perfección incluye, entre otras cualidades o actitudes, y en diversos grados, la responsabilidad, la ilusión y el pensamiento positivo, la esperanza, la alegría de rectificar, la constancia, dotar de sentido el propio hacer, la magnanimidad, compaginar el amor con el desprendimiento, y, saber priorizar o jerarquizar.

Sin embargo, esta vida rara vez ofrece tanto a una misma persona, ya que toda decisión comporta un riesgo, y donde hay riesgo no hay certeza de conseguir lo que se intenta o propone. Por lo mismo se hacen necesarias, junto con la audacia, la previa consideración y “aceptación” de fallar o errar en el intento.

6. Síntomas y Alarmas

Pueden ser considerados como focos de alarma el ordenar y reordenar constantemente las cosas…; la molestia o incomodidad sufridas ante el desorden, desequilibrio o asimetría; prever todo de modo exagerado y exhaustivo, a veces hasta el cansancio; la necesidad de respaldo respecto a su buena voluntad en su actuar; inseguridad interior dando muestras externas de seguridad; intolerancia general ante sus propios fallos; hipersensibilidad frente a injusticias propias y ajenas, aún las más pequeñas…

El Cuestionario Sevilla, en su versión amplia o breve, constituye una prueba asequible y significativa y práctica para su reconocimiento y valoración. Incluye y plantea preguntas acerca de parámetros como estos:

  • Perfeccionismo, detallismo, minuciosidad o meticulosidad.
  • Hipersensibilidad.
  • Valoración elevada del orden, limpieza, puntualidad. Apego a la ley.
  • Tendencia a la rigidez y dificultad para la flexibilidad ante los cambios.
  • Juicios radicales sobre la propia tarea en razón de su calidad y tiempo invertido en ella, y con tendencia a ir a los extremos sin aceptar intermedios.
  • Tendencia a asegurar máximamente los elementos de un plan futuro.
  • Sobrevaluar la opinión o juicios de otros respecto de la propia conducta.
  • Exagerar el valor de la eficacia sobre el disfrutar aquello que se hace.
  • Subjetivismo marcado. Es más fácil que los demás estén equivocados o mal informados, les falta experiencia o desconocen el fondo del problema.
  • Dar mayor realce a lo negativo que a lo positivo.
  • Tendencia a conservar cosas porque puedan ser útiles alguna vez: dificultad para deshacerse de objetos y papeles.

7. Un abordaje pluridimensional

Se requiere de una asistencia psicoterapéutica confiada y amable, pues el “anancástico” suele presentar una cierta resistencia, a la aceptación del diagnóstico como del tratamiento mismo. Particularmente, en el caso de los adultos, en quienes es habitual que se encuentre muy arrigida esta enfermedad o deficiencia, se precisa de una medicación con fármacos antiobsesivos, pues se trata de un trastorno de la personalidad.

8. La perfección, un camino más que una meta

Está en alza hablar de excelencia, de aspirar a lo mejor. Pero a la vez es muy frecuente la chapuza, el “ya vale”, el camuflar con los medios técnicos la imperfección, etc.

Es propio del hombre ir a más, prosperar, aspirar a algo nuevo y mejor. Así se aproxima a la endaimonía. La vida buena, orientada por la ética, es el camino de perfección, pues nos señalará, en todo momento, los criterios necesarios para alcanzar la felicidad. Si el anhelo de la felicidad es uno de los objetivos prioritarios del hombre, la búsqueda de la perfección, a través de la vida buena, es uno de sus caminos más certeros.

Con perfección aludimos a un quehacer excelente considerando el enfoque de la eficiencia: hacer algo bien junto a su coste. Lo mejor es enemigo de lo bueno. Lo bueno es relativo, y, la perfección, un entrelazamiento de lo técnico y lo estético, lo material y lo espiritual que vive el hombre. Y aquí ha de ser considerado un nuevo enfoque, el de la eficiencia, el hacer algo bien pero considerando a la par al coste que conlleva. Lo mejor es enemigo de lo bueno. Y lo bueno es algo relativo en cada caso concreto. Es, pues, la perfección un entrelazamiento de lo técnico y lo estético, de lo material y espiritual que se da en todos los hechos que vive el hombre.

La perfección es más bien el camino que la meta. Es saber a donde vamos y acercarnos en y desde la felicidad. Ahí está la felicidad, en el camino cuando se siguen los dictados de la ley moral natural, del “folleto explicativo” que cada uno llevamos consigo y sobre sí mismos.

El camino hacia la perfección comporta:

  • Responsabilidad o respuesta personal a los propios actos y a sus consecuencias. A ello se oponen la negación, la proyección, la represión como falsos caminos de defensa.
  • Esperanza como motor de actividad y forja de entusiasmo. Su enemigo: la desesperanza.
  • Ilusión y pensamiento positivo. Nada peor que anular nuestras propias posibilidades y dejar pasar las oportunidades. A ella se opone la anticipación negativa propia del pesimismo.
  • La alegría de rectificar. Errar es propia de la persona humana y saberlo es una ventaja. Practicar la sabiduría de rectificar. Y más si aprendemos del tropiezo. La búsqueda de la perfección entraña la posibilidad de perder batallas pero conduce a ganar la guerra.
  • Magnanimidad, alma grande, capacidad de enamoramiento. Hemos de saber cultivar buenas ambiciones y desdeñar las nocivas.
  • Perseverancia. Comenzar es de muchos, perseverar sólo de vencedores. La proyección que buscamos requiere comenzar, proseguir y persistir con determinación. La perseverancia es el antídoto del desaliento.
  • Saber priorizar. Una cosa es la actividad y otra la eficacia. Nuestras posibilidades son limitadas y hay que jerarquizarlas. Cada opción implica descartar otras muchas. Saberlo y considerarlo es un tesoro.
  • Compaginar amor y desasimiento, crecer en adaptabilidad, no dar cabida a la frustración. Es esta una vivencia altamente destructiva de la persona y de sus relaciones. Vacunarse frente a ella es un quasi-seguro de salud psicológico.
  • Dotar de sentido al propio quehacer y a sus consecuencias. Si el éxito está en lograr lo que deseas, la felicidad reside en desear lo que consigues. Dicho conforme a un proverbio popular la felicidad comienza donde la ambición acaba.

En conclusión, el camino está abierto para quienes quieran recorrerlo. A las escaleras de la perfección no les importa quien las suba, por ello siempre seremos bien recibidos.

A los perfeccionistas les gustaría tener la seguridad de que al final alcanzarán la perfección. A ellos y a todos, hay que decirles que en esta tierra no existe esa seguridad, sólo se dan las oportunidades, y para disfrutar de esas oportunidades hay que ser audaces, hay que entrar en el juego del riesgo.

9.Bibliografia

“Bienestar, autoestima y felicidad”. Gaja, Raimond. Editorial Plaza y Janés

“Cuando lo perfecto no es suficiente.Estrategias para hacer frente al perfeccionismo”. Martin M. Antony-Richard P. Swinson. Editorial Desclée de Brouwer.

“Nunca satisfecho”. Ramirez Bosco, Mónica. Editorial Amat.

“El regreso del hijo pródigo”. Henry Nowen. Editorial PC.

“La autoestima del cristiano”. Esparza Espina, Michel. Editorial Belacqua.

“El síndrome del Perfeccionista: El Anancástico” Alvarez Romero, Manuel. Editorial Almuzara

“Sabes pensar” Alvarez Romero, Manuel. Editorial Almuzara.

“La libertad interior”. Jacques Phillipe. Editorial Rialp.

www.sindromedelperfeccionista.com

www.semp.org.es. Sociedad Española de Medicina Psicosomática.

www.psicosomaticaandaluza.org Sociedad Andaluza de Medicina Psicosomática

www.psicosomatica.net Centro Médico Psicosomático de Sevilla

Manuel Alvarez Romero
Médico.
Director del Centro Médico Psicosomático. Sevilla.

Ana Moreno Gómez
Psicóloga.
Sevilla a 5-Enero-2009

Literatura, expresión psicopatológica y espiritualidad

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1. Introducción

Tres conceptos se aúnan en nuestro título. La creación literaria siempre ha sido frecuentísima ocasión para expresar el propio estado normal o patológico. Y a la vez ha supuesto un medio excelso para mostrar las propias vivencias espirituales ascéticas o místicas. Amplísima resultaría una aproximación a la literatura que conecta con los dos ámbitos antropológicos citados. Hemos seleccionado cuatro fragmentos como muestra de diversos momentos históricos de nuestra civilización para con ellos mostrar la manifestación psicológica y psicopatológica del alma humana abatida por el peso de la vida y el dolor, así como la reacción biopsicosocial que en tales circunstancias puede llegar a provocarse. Sorprende la maestría con que se descubren y describen los entresijos del consciente y del inconsciente de la persona y de su actitud y su conducta cargadas de una libertad que engrandece, ennoblece y responsabiliza.

2. La Depresión de Antíoco IV Epífanes

Hace unos años me sorprendió, al escuchar una de las lecturas de la Misa de un sábado de la XXXIII Semana del Tiempo Ordinario, el relato de un cuadro depresivo cargado de precisión y sentido clínico. Posteriormente encontré un comentario al respecto en “Depresión: Actualización psicológica de un problema clínico” de A. Polaino-Lorente (Ed. Alhambra). Y al preparar estas páginas lo incluyo como el posiblemente más antiguo relato de un acontecimiento depresivo. El Libro I de los Macabeos forma parte de la Sagrada Escritura (Antiguo Testamento). En su capítulo 6, versículos 1-17 se describe a modo de relato, y recoge “a modo de autoinforme” la derrota, enfermedad y muerte de Antíoco IV, rey de Siria durante los años 175 a 164 a.C. En el Libro II Macabeos, 9,1-29 se muestra otra versión de los hechos, diferente y complementaria, exponente de cómo se recibe en Jerusalén la noticia que relatamos. Su estudio conjunto requeriría la apelación a los exégetas y escrituristas. Pero leamos el texto bíblico (I Macabeos, 6, 1-17):

“Mientras el rey Antíoco recorría las regiones septentrionales, se enteró de que en Persia estaba la ciudad de Elimaida, famosa por sus riquezas, por la plata y por el oro, y que tenía un templo riquísimo donde había armaduras de oro, corazas y armas dejadas allí por Alejandro, hijo de Filipo, el rey macedonio que reinó en primer lugar sobre los griegos. Se dirigió allí con la intención de apoderarse de la ciudad y saquearla, pero no pudo porque su plan fue descubierto por sus habitantes, que le presentaron batalla obligándole a huir. Y tuvo que marcharse de allí con gran tristeza, y regresar a Babilonia. Durante su estancia en Persia llegó un mensajero para comunicarle que las tropas enviadas a tierra de Judá habían tenido que replegarse; que Lisias había ido primero con un poderoso ejército, pero que había tenido que batirse en retirada ante los judíos; que éstos se habían reforzado con armas, con tropas y con el ingente botín de los vencidos; que habían destruido la abominación erigida sobre el altar de Jerusalén, y que habían fortificado con altos muros el Santuario tal como estaba antes y Bet-Sur, ahora ciudad suya. Cuando el rey escuchó estas noticias quedó atónito, preso de una gran conmoción. Se acostó, sumergido en una gran tristeza, porque las cosas no habían sucedido como él deseaba. Permaneció así durante algunos días, pues su abatimiento se iba haciendo mayor, y vio que se estaba muriendo. Entonces llamó a todos sus amigos y les dijo: -El sueño se aparta de mis ojos y mi corazón desfallece por la congoja. Me he dicho a mí mismo: ¡A qué grado de aflicción he llegado! ¡En qué terrible zozobra me encuentro! ¡Yo, que era tan generoso y apreciado mientras gobernaba! Ahora recuerdo los daños que he perpetrado contra Jerusalén al apoderarme de todos los utensilios de plata y de oro que estaban allí, y mandar exterminar a los habitantes de Judá sin razón alguna. Reconozco que ésta es la causa de que hayan sobrevenido estos males. Mirad, muero con una gran tristeza en un país extranjero. Luego llamó a Filipo, uno de sus amigos, y le puso al frente de todo su reino. Le entregó la corona, su vestidura y el anillo para que cuidara a su hijo Antíoco y lo instruyese para reinar. El año ciento cuarenta y nueve, el rey Antíoco murió en aquel lugar. Cuando Lisias se enteró de que el rey había muerto, dispuso que reinara su hijo Antíoco, a quien había educado desde pequeño, dándosele el sobrenombre de Eupátor”.

Su figura queda resaltada por la determinación que puso en borrar el judaísmo de Palestina e implantar el helenismo. Sus guerras en diversos frentes le hacían ocuparse de unos y dirigir mediante sus generales los avatares de los otros. Es magnífica la historia clínica; en la que podemos señalar: La experiencia de duelo o pérdida. El sentimiento de incontrolabilidad situacional. La frustración. La pasividad y anergía. Tristeza. Visión negativa y pesimista. Insomnio. Sentimiento de indefensión. Autoestima baja. Retrospección negativa. Sentido de culpa. Atribuciones negativas. Ideas deliroides de perjuicio. Conciencia de desarraigo. Incapacidad para lo ordinario. Renuncia a derechos y deberes. Muerte por desvalimiento. Hoy sabemos que la Depresión es factor de riesgo cardiovascular, inmunitario, endocrinológico y oncológico. Pero además ya Seligman en 1975 describió la muerte súbita por indefensión y desvalimiento.

Posteriormente Engel, en 1971, estudió más de 70 casos de este tipo de muerte señalando las cinco circunstancias psicológicas más frecuentemente encontradas en estas situaciones de desvalimiento:

1) la ruina o muerte de un ser querido;

2) una experiencia dolorosa aguda;

3) una situación suficientemente amenazante para la propia vida;

4) el luto y/o la elaboración del duelo por un ser querido, y

5) la pérdida del status y de la autoestima.

Como vemos en el caso citado se dan casi todas.Desconocemos si Antíoco IV presentaba antecedentes de enfermedad afectiva o si -como es más probable- este fue su primer y único episodio depresivo. Hoy, cuando transitamos en la era de la Depresión y nos parece un mal propio de la época pienso que es interesante resaltar esta estupenda patobiografía quizás la más antigua en referencia al Síndrome Depresivo.

3. Depresión y Santidad: Teresa de Jesús.

En su día hice una recopilación de lo referente a la Depresión en las obras de Santa Teresa: nomenclatura, relatos y comentarios en torno a la melancolía de sus monjas o de personajes con los que trataba, remedios psicológicos o materiales, pronósticos, y hasta diagnósticos diferenciales. Es tema que me ilusiona poder abordar con amplitud algún día. Pero es otro el enfoque que hoy daré a la relación entre Santa Teresa y la enfermedad depresiva. Deseo ceñirme a su psicopatología afectiva y más en concreto a la actitud y al sentido profundos que ella misma les da. En “La Psicología de Teresa de Jesús”, Ed. Rialp. Madrid, 1984, el que fue destacado psiquiatra y amigo, José Mª. Poveda, describe y justifica la cualificación de Enfermedad Afectiva Bipolar para la santa. Aunque me cuesta, me obligo a descartar datos y escenas, interesantísimas y divertidas, para centrarme en la vivencia y sentido de la enfermedad. ¡Qué buenos autoinformes y cuánto pueden ayudar a los pacientes! Yo los he leído en la consulta muchas veces y han servido de consuelo y luz a tantos depresivos. Vayamos al texto original. No pierdan detalle, por el castellano de la época y aguarden hasta el final que resalto. En carta escrita y fechada en octubre-diciembre de 1560 se expresa: “Viénenme algunos días -aunque no son muchas veces y dura como tres u cuatro u cinco días- que me parece que todas las cosas buenas y hervores y visiones se me quitan, y aún de la memoria, y aunque quiera no sé qué cosa buena haya habido en mí; todo me parece sueño, u a lo menos no me puedo acordar de nada. Apriétanme los males corporales en junto; túrbaseme el entendimiento, que ninguna cosa de Dios puedo pensar ni sé en qué ley vivo. Si leo, no lo entiendo; paréceme estoy llena de faltas, sin ningún ánimo para la virtud, y el grande ánimo que suelo tener queda en esto, que me parece a la menor tentación y mormuración del mundo no podría resistir. Ofréceseme entonces que no soy para nada, que quién me mete en más de en lo común. Tengo tristeza, paréceme tengo engañados a todos los que tienen algún crédito de mí; querríame asconder donde nadie me viese, no soledad para virtud, sino de pusilanimidad; paréceme querría reñir con todos los que me contradijesen.
Trayo esta batería, salvo que me hace Dios esta merced, que no le ofendo más que suelo ni le pido que me quite esto, más que, si es su voluntad, que esté ansí siempre, que me tenga de su mano para que no le ofenda, y confórmome con Él de todo corazón, y creo que no me tener siempre ansí, es merced grandísima que me hace.” ¡Cuánta belleza, realismo y conocimiento propio! Qué gran contraste el de estos textos con la biografía y hazañas de la Santa. Así se ven y se muestran, en nuestras consultas, cientos de personas de cualquier edad y condición. Pero lo que queremos destacar -resulta envidiable y específicamente diferencial- es la actitud trascendente, la comprensión del sentido del propio padecer capaz de servir como soporte inviolable. Leamos más de sus palabras que explicitan lo que anunciamos. Parece ser, escribe desde Valladolid en 1582 según recoge el Dr. Poveda: “Quedé tan desganada y tan fuera de parecerme podría hacer nada, que aunque la priora de nuestro monasterio de Valladolid, que deseava mucho está fundación, me importunava, no podía persuadirme ni hallaba principio… “No sé si era el mucho mal y flaqueza que me havía quedado, u el demonio que quería estorbar el bien que se ha hecho después. Verdad es que a mí me tiene espantado y lastimada … lo mucho que participa la pobre alma de la enfermedad del cuerpo, que no parece sino que ha de guardar sus leyes, según las necesidades y cosas que le hacen parecer. “Uno de los grandes trabajos y miserias de la vida me parece éste, cuando no hay espíritu grande que le sujete; porque tener mal y padecer grandes dolores, aunque es trabajo, si el alma está despierta, no lo tengo en nada … Mas por una parte padeciendo y por otra no obrando, es terrible cosa, en especial si es alma que se ha visto con grandes deseos de no descansar interior ni exteriormente, sino emplearse toda en servicio de su gran Dios … De esta manera estava yo entonces, aunque ya en la convalecencia, más la flaqueza era tanta, que aun la confianza que me solía dar Dios en haver de comenzar estas fundaciones tenía perdida. Todo se me hacía imposible, y si entonces acertara con alguna persona que me animara, hiciérame mucho provecho; más unos me ayudavan a temer, otros, aunque me davan alguna esperanza, no bastava para mi pusilanimidad.” No es la primera solicitud de Teresa hacia Dios el que le cure la Depresión, el que le ahorre el dolor sino el que sepa bien llevar su enfermedad. He ahí el secreto para iniciar los feed-back terapéuticos desde la psique hasta el soma, desde la actitud y la libertad hasta las sinapsis y los neurotransmisores. Si la santidad es esencialmente la identificación de la propia voluntad con la de Dios, en este caso la enfermedad depresiva con el enorme dolor moral que conlleva, cuesta especialmente escalar los peldaños que la relación con Dios nos ofrece, tan plásticamente expuestos en “Camino” en la obra de San Josemaría Escrivá, (Edic. Rialp, puntos 758, 762 y 774).

“La aceptación rendida de la Voluntad de Dios trae necesariamente el gozo y la paz: la felicidad en la Cruz. –Entonces se ve que el yugo de Cristo es suave y que su carga no es pesada”. (nº 758). “Acto de identificación con la Voluntad de Dios: ¿Lo quieres, Señor? ¡Yo también lo quiero!” (nº 762). “Escalones: Resignarse con la Voluntad de Dios: Conformarse con la Voluntad de Dios: Querer la Voluntad de Dios: Amar la Voluntad de Dios”. (nº 774).

4. SantoTomás Moro: genio y figura …

Bien conocido es el sentido del humor de Santo Tomás Moro que, sin duda, se fue afinando a lo largo de su vida. El encierro en la Torre, durante los meses previos a su decapitación fueron la ocasión, un tanto significativa, para la expresión literaria de su peculiar estado psico-físico-espiritual. Ahí nacen sus “Bienaventuranzas desde la Torre” , de las que citamos algunas:

  • “Bienaventurados los que saben reírse de sí mismos porque tendrán diversión para rato”.
  • “Bienaventurados los que saben descansar y dormir; sin buscarse excusas llegarán a ser sabios”.

“Bienaventurados los que saben apreciar una sonrisa y olvidar un desaire. Su camino estará lleno de luz”. En la biografía de Santo Tomás Moro, “La hora de Tomás Moro”. Edic. Rialp, escrita por el médico e historiador Peter Berglar, en 1993, encontré un texto peculiarmente psicosomático. “El cuerpo y el alma son en el hombre una unidad. Juntos enferman y juntos reclaman curación. Nadie se extraña de que a una persona con un sufrimiento moral-religioso le recetara consultar a un médico para el cuerpo. Dado que el alma y el cuerpo están tan estrechamente enlazados y unidos el uno con el otro, de forma que los dos constituyen una persona, el desorden en uno de ellos conlleva con frecuencia la destrucción de ambos. Por eso también aconsejaría a una persona con una enfermedad corporal que se confesara y buscara curación para su alma gracias a un buen médico espiritual. Esto no sólo es bueno para el caso de peligro, resultante por ejemplo de un empeoramiento de la enfermedad, no supuesto al principio; sino que la consolación que de ahí procede y la gracia divina que con ello aumenta también son buenas para el cuerpo”. Así pues este párrafo de “Consolación en el sufrimiento” del Sir inglés anticipa cuatrocientos años lo que empezaría a tomar en serio la Medicina Psicosomática. En otra de sus obras, “Diálogo de la fortaleza contra la tribulación”. Edic. Rialp, 1999, también aparece una estupenda descripción de la mutua influencia alma-cuerpo afirmando el beneficio orgánico de la persona tras los beneficios espirituales, y al contrario.

Es llamativo que en el siglo XVI el gran sentido antropológico de un fino y perspicaz humanista plasmase tan clara y expresivamente la realidad de la unidad psicosomática y sus consecuencias prácticas. Destacamos pues en Tomás Moro su profundidad antropológica, su buen decir literario, el fino humor inglés y la sensibilidad espiritual, unidas como un haz que ilustra y motiva desde la belleza al mantenimiento o al logro de la salud psicosomática de la persona. Genio y figura. Sí, pero contando con el progreso y la perfección personal que se muestran en las propias en las obras. En nuestro caso además con el efecto catalizador que añade el dolor bien asumido. Ya sabemos -por teoría y práctica- que el dolor es piedra de toque para el amor. Un dolor -físico o moral- bien asumido engrandece y eleva la propia condición; mal llevado aplasta y aniquila. Tomás Moro resulta ejemplar en este aspecto pues su talante digno, la calidad de sus lealtades y su finura de alma compusieron “in crescendo” una melodía vital y sublime. Algo bien aprovechable desde el ejercicio clínico de la Psicosomática o de cualquier otro ámbito de la Medicina.

5. La conciencia del propio límite como riqueza, en Bernanos.

Con frecuencia se han identificado creatividad y psicopatología. Destacados y experimentados profesionales de la Psiquiatría han estudiado esta correlación con dispares resultados. Nosotros queremos apostar por la necesidad del realismo cognoscitivo para la creatividad. Luego vendrá esa personal perspectiva, ese “saber percibir” rasgos y aspectos que sugieran nuevas realidades. Aplicando ésto a la propia conciencia del yo todo se complica más aún por el subjetivismo que se añade de modo implícito. En la abundante expresión de la vivencia interior de la persona, del creativo, del artista, no suele aparecer la descripción del paisaje intrapersonal junto a reflexiones que puedan sugerir vías terapéuticas de los sufrimientos que se refieren y describen. Por eso me llamó la atención la lectura de “Diálogo de Carmelitas” de G. Bernanos enriquecida por los comentarios en la edición preparada por Edic. Encuentro. Madrid, 1992. Allí se describen, entre otros, dos aspectos: “Una nueva lectura de Diálogo de Carmelitas” y “La fragilidad de Blanca”. Pero entremos en la obra. Blanca de la Force es la protagonista, un personaje inventado por Gertrud von le Fort en “La última en el patíbulo”, novela que leyó Bernanos. Blanca es una mujer agarrotada por el miedo. Las circunstancias de su nacimiento y el desarrollo de su juventud en plena revolución alimentan esta fragilidad. Podría pensarse que su ingreso en el Carmelo fuese consecuencia de una huida mundanal y búsqueda de refugio. Pero su evolución psicológica y espiritual a lo largo de la obra de Bernanos va desvelando el sustancial cambio que se va dando como consecuencia de la conciencia de la propia poquedad y la búsqueda de sentido para su indigencia. Quizás la clave de la enseñanza psicológica de la obra esté en la consideración de la debilidad como signo. “Mi fragilidad no es una simple humillación humana que Él me impone, sino el signo de su voluntad sobre su pobre sierva”.

La posible humillación, el supuesto castigo o defecto dejan de serlo al descubrir, desde la fe, que su persona no acaba en sí misma, sino que es súplica al Otro, su ser remite a Dios, su debilidad no es algo que deba resolver ella sino que es suya, estructural, querida y grande o virtuosa en el contexto del plan divino. Reconocer la contingencia como signo es ya afirmar un infinito que la sostiene, la enriquece y la ama. El límite es humillación cuando la razón se cierra sobre sí misma. Y, por el contrario, se convierte en grandeza cuando se contempla sabiéndose finita y creada, en el ámbito de la trascendencia. Por eso, la conciencia de esa dependencia estructural que va creciendo a lo largo de la narración por la convivencia con las demás carmelitas, por las enseñanzas de la Priora, en diálogo vivo y finísimo, y por la acción de la gracia, posibilitarán a Blanca el ofrecimiento en el martirio -tras la huida temerosa y el regreso- como superación de la debilidad. Y una puntualización de gran interés: Blanca aprende en la Escena VIII de labios de la Priora que “la rebelión es siempre cosa del diablo”. Y sigue el consejo: “Hija, sed siempre entre sus manos algo suave y dúctil. (…) “Y sobre todo no os despreciéis nunca. Es difícil despreciarse sin ofender a Dios que está en nosotros. El desprecio de vos misma os llevaría directamente a la desesperación. Recordad estas palabras, aunque ahora os parezcan incomprensibles”. “Cuando miramos el miedo y la valentía desde el Huerto de Getsemaní donde, en el Corazón de Jesucristo, fue divinizada toda la angustia humana, la distinción entre uno y otra me parece casi superflua, y ambos se me antojan poco más que chucherías de lujo”. No es fácil encontrar una conducta bio-psico-social integrada en la libertad y la Gracia que den como resultado la contemplación de un cambio radical. Ese cambio que tantas veces procuramos y contemplamos en y desde nuestras consultas. Es el Proceso Radical del Cambio descrito por Rof Carballo y Javier del Amo en su “Terapéutica del hombre”, Edic. Descleé de Brower, Bilbao, 1986. Toda una lección de vida.

6. Epílogo.

Como vemos, grandes beneficios y satisfacciones se derivan de un estudio conjunto de psicopatología y espiritualidad en los textos literarios. Nosotros, mediante la contemplación reflexiva de estos cuatro textos podríamos concluir afirmando que hemos podido conocer:

Hasta qué punto la insana frustración, la rebeldía frente a la realidad fáctica de nuestro vivir estorba a la salud y la consume en ocasiones. Con razón se dice que la soberbia es el principal entre los factores personales depresógenos.

Por el contrario una adhesión adaptativa, difícil pero asequible incluso en los estados o procesos más duros, resulta altamente saludable. No están lejos, de ordinario, santidad y sensatez. Teresa de Jesús es un clarísimo exponente.

El dolor, pequeño o grande, incluida la cercanía de la  muerte injusta, debe ser ocasión y motivo de crecimiento personal. Si se le añade el buen humor que Tomás Moro muestra y contagia crecen el valor humano y el mérito divino.

La debilidad psicológica, innata o adquirida, no es obstáculo para el crecimiento interior de la persona. La gracia no anula sino que recrece y perfecciona a la naturaleza. Es Blanca, el personaje de Bernanos, un ejemplo de tal crecimiento capaz de culminar superando la prueba sublime del martirio. Personalidad y Gracia son dos elementos que se funden en la ascética cristiana de todos los tiempos.

Psicología, psicopatología y espiritualidad personal son ámbitos desveladores y ejemplares en la consideración del misterio del hombre. Es todo un reto, adentrarse en sus simas y en sus cumbres para aprovechar en nuestras vidas -actualmente “in fieri”, en pleno proceso de construcción- tanta riqueza como se contiene en la literatura.

Seminario: del dolor a la persona. Visión multidisciplinar

 I Seminario SAMP del Curso 2016/2017: «Del Dolor A La Persona. Visión Multidisciplinar».

Actividad llevada a cabo en el Real e Ilustre Colegio de Médicos de Sevilla, los días 14, 16, 21, 23 de noviembre de 2016.

En el Fichero adjunto encontrará el Programa Completo del Seminario y a continuación podrá ver cada una de las ponencias haciendo clic sobre ellas:

Vacaciones al 100%: Sugerencias

Haz un parón en tu frenética vida. Cierra los ojos. Respira profundo. Y siente la satisfacción de un trabajo bien hecho. Y ahora…te toca a tí. Date permiso para disfrutar y no te sientas mal si decides gastar tu tiempo en no hacer absolutamente nada…o si decides crear nuevos proyectos incluso en vacaciones. No permitas que te juzguen, ni siquiera tú lo hagas, es tu momento! Disfrútalo con la opción que haga sentirte mejor porque te lo mereces!

Desconecta sabiamente de forma que cuando termines tus vacaciones retomes el trabajo con más fuerza y energía, o incluso que antes de terminar tus vacaciones ya eches de menos volver.

Organiza pero con flexibilidad. El cambio de rutina te obliga a readaptarte y puede crear incertidumbre el no saber concretamente que hacer. Dedica tiempo a pensar qué cosas no has podido llevar a cabo durante el curso y planifica un plan de acción, pero recuerda, siempre con elasticidad, estás de vacaciones.

Cuida la alimentación y el sueño, procura tener una rutina que no altere tu organismo. Ya sabes, hidratarse mucho, tomar varias piezas de fruta al día, no comer comidas pesadas y dormir al menos 8 horas diarias evitando trasnochar.

Fomenta las relaciones sociales y las actividades de ocio. Es un buen momento para retomar amistades que llevas tiempo sin ver. Contacta con ellas y poneros al día. Incluso es tiempo de emprender nuevas aventuras y tener apertura social para intentar ampliar tu círculo. No tengas miedo en qué pensarán los demás, a veces somos nosotros mismos los primeros que nos enjuiciamos no permitiéndonos avanzar.

Tiempo para leer: La lectura es un viaje gratis que alimenta las neuronas de grandes y pequeños: novelas de aventuras, biografías, cuentos… Busca una biblioteca cercana y ¡a elegir! Visitar a familiares y personas necesitadas: Durante el curso, bien por tiempo o por distancias, a veces es difícil visitar a la familia: abuelos, primos, tíos… Además, también pueden hacerse visitas a personas enfermas o más necesitadas. Un voluntariado siempre es enriquecedor.

Disfrutar de pequeñas cosas: El plan perfecto no tiene por qué ser caro o extravagante. Hay que enseñar desde niños a disfrutar con las cosas pequeñas como, por ejemplo, ver una puesta de sol, tomar un helado, etc.

Y por último, y no menos importante, haz balance y proyecto. Dedica tiempo a evaluar el curso pasado, tus acciones, tus pensamientos, tus sentimientos, y reflexiona sobre en qué puedes mejorar. Crea un nuevo proyecto que te permita seguir creciendo personal y laboralmente.

Márcate objetivos concretos y busca alternativas de cómo llevarlos a la acción.

Ánimo y Felices vacaciones a tooodoooss!!!!

Esther Rodríguez Díaz
Psicóloga Sanitaria
Centro Médico Psicosomático